Después de las fiestas, las copas para el brindis se guardan, los adornos se almacenan en cajas para el próximo diciembre y los carteles de campaña se tiran a la basura. La vida continúa con aparente normalidad, ignorando que se deja atrás el año más cálido del que se tenga registro. Mientras el Acuerdo de París agoniza en un rincón de la ONU y 37.601 hectáreas de bosques andino patagónicos argentinos se incendian, las noticias se suprimen bajo los gritos de nuevos-viejos negacionistas que encuentran su mejor defensa en la reelección del líder carismático Donald Trump. Amparados bajo el Big Brother norteamericano, los miembros del club de la internacional reaccionaria encuentran vía libre para cuestionar los avances científicos en materia de cambio climático, minimizando e incluso anulando por completo la veracidad de las alertas existentes. 

We’ll drill, baby, drill

Con California como prueba cercana de los efectos del cambio climático de trasfondo, el presidente Donald Trump dio su discurso inaugural y apostó por su característica retórica controversial para anunciar la serie de medidas con las que buscará reorganizar la economía y seguridad del país norteamericano. En él canalizó las posturas de sus votantes y fanáticos internacionales, detallando que promoverá la extracción de combustibles fósiles y eliminará los beneficios fiscales para autos eléctricos y energía limpia, retrocediendo con todas las políticas ambientales de la administración Biden, entre ellas el Green New Deal

FirstFT: US oil output growth to slow despite Trump's 'drill, baby, drill'  plan

Como prueba de confianza, en menos de 24 horas de mandato firmó por segunda vez la salida del Acuerdo de París. El objetivo del candidato electo es reducir los costos de energía para los norteamericanos a la mitad y devolver la fortaleza a la economía a través del “oro negro que corre bajo los pies de América”. No obstante, la industria petrolera estadounidense es actualmente la principal a nivel mundial e incluso ignorando el factor del impacto ambiental, el precio del crudo no puede bajar y posibilitar, al mismo tiempo, un aumento de producción. 

¿París fue solo una fiesta? 

El fin del 2024 superó el límite de los 1,5 °C que se habían estipulado en el Acuerdo de París firmado en 2015. De acuerdo a la Organización Metereológica Mundial (OMM), entre enero y septiembre de 2024, la temperatura media del planeta estuvo por encima de los 1,55 °C, el valor de referencia de la era preindustrial. Si bien esto no implica la imposibilidad de cumplir con el objetivo a largo plazo de mantener la temperatura por debajo de 1,5°C, es una señal de alerta de que los planes de descarbonización aún no dan los resultados esperados. 

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Si se observa el gráfico, la extensión de hielo antártico alcanzó su mínimo anual, el segundo más bajo del que se tenga registro satelital entre 1979 y 2024 (OMM, 2024). En tanto continúa el deshielo y aumentan las temperaturas, el mar se expande: el calentamiento oceánico fue el más alto registrado en 2023, en 2024 los valores se mantuvieron. Mientras empeora la situación climática, los Estados se enfrentan a mayores amenazas que afectan a la soberanía y a la seguridad nacional. 

El Acuerdo de París se firmó con el propósito de dar un cauce multilateral e institucional al problema global que presenta el cambio climático. A diez años de su creación, sin embargo, el roadmap de la Agenda 2030 parece lejos de reflejar la voluntad popular, la cual se expresa en el auge de una derecha reaccionaria. Los representantes más notorios de este espectro político tienen en común su reticencia a la modernización económica, tildando a los modelos de desarrollo sustentable como detrimentos al crecimiento y desarrollo. 

Frente a la pérdida de popularidad de la crisis climática, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, recordó a los líderes mundiales en el foro económico de Davos que “el Acuerdo de París sobre el clima sigue siendo la mejor esperanza para toda la humanidad”. En la misma línea, los especialistas aseguran que un mal año no arruina los objetivos a largo plazo, pero cabe preguntarse qué solución se puede encontrar cuando lo que desaparece es el interés en una mejora.

Se prenden fuego 

Retirarse del Acuerdo, buscar expandir una industria con un impacto altamente negativo en el ambiente y apelar a la demonización del desarrollo sustentable puede ser una forma de querer volver atrás en el tiempo. La construcción retórica de un pasado dorado no es extraña a los líderes populistas, el pasado se convierte en una cosmovisión emocional con la que los votantes pueden vincularse. Buscar en el pasado, o mejor aún, construir el pasado en el futuro sirve para dar una sensación de certidumbre que descarta la decadencia. Si volvemos al punto cero, solo podemos revivir aquello que ya sucedió. En el pasado siempre se fue grande, mientras que en el futuro el peso de las decisiones tomadas conlleva consecuencias que todavía no se pueden percibir al otro lado del humo.

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