El triunfo de Donald Trump en las elecciones estadounidenses genero un revuelo considerable en la economía internacional. Su plan económico vinculado a aumentar los aranceles a los productos internacionales puede tener como consecuencia la reducción de importaciones, presiones inflacionarias en el mercado americano y ruido vinculado al aumento de las tasas de interés de los bonos estadounidenses.

Este mix, en su conjunto, genera una apreciación del dólar estadounidense que se traduce en una depreciación del resto de monedas más débiles que el mercado se ha encargado de anticipar. En modo de ejemplo, el real brasilero se negociaba a 5,42 reales por dólar el 1 de octubre de este mismo año, mientras que en la rueda del 22 de noviembre cerro a 5,82 reales por dólar. En este último año, el dólar se ha valorizado un 17,85% frente a la moneda del país luso parlante. Misma tendencia se repite en otras monedas emergentes como la rupia india, el yuan chino y los pesos uruguayos y mexicanos.

Mientras tanto, la economía argentina no solo no ha enfrentado dificultades como consecuencia del triunfo de Trump, sino que incluso ha resultado fortalecida. El peso se apreció debido a la bajada en la cotización de los dólares paralelos (MEP y CCL), los bonos argentinos reflejaron subas y el riesgo país se encuentra actualmente en los 745 puntos. Se explica porque el mercado considera que el triunfo de Trump puede resultar positivo para la Argentina dado la afinidad que existe entre el presidente Javier Milei y el republicano recién reelecto. Por otro lado, el cepo, el RIGI y el blanqueo también haya jugado su parte.

Los mercados paulatinamente aumentan su confianza en el gobierno. Sin embargo, tiene el efecto negativo de que si el resto de países se deprecian (se hacen más baratos) y Argentina se aprecia (se hace más caro), la competitividad de los sectores de bienes transables (los que producen bienes que se comercializan internacionalmente) se desploma. Ello se ve representado en el tipo de cambio real multilateral, que se encuentra a niveles de 2015.

Salir del cepo es fundamental para crecer a largo plazo, ya que normaliza la entrada de capitales internacionales, elimina las trabas para importar insumos y maquinarias, posibilita mayor dinamismo en el sistema financiero y permite el reingreso del país a los mercados internacionales de capital. Sin embargo, no necesariamente corrige el tipo de cambio bajo. 

Pese al atraso cambiario existente, la cuenta corriente de la balanza de pagos arrojó un superávit de USD 3.490 millones en el segundo trimestre del año, mientras que en octubre la balanza comercial volvió a dar positiva. Estimaciones privadas sostienen que Argentina terminara el año con un superávit comercial récord de 18.000 millones, mientras que en 2025 esta cifra disminuirá por el aumento de las importaciones como consecuencia de la recuperación económica, pero seguirá siendo superavitario.

Como entran dólares en el país, hay incentivos para pensar que el tipo de cambio seguirá bajo. Además de ello, si el gobierno obtiene un buen resultado en las legislativas del 2025, lo más probable es que los bonos suban su cotización, baje el riesgo país y los dólares paralelos sigan bajando. En dicho escenario, una salida del cepo no sería devaluatoria, sino todo lo contrarío. La normalización del mercado cambiario impulsará la llegada de divisas al país por medio de inversiones, sobre todo en los sectores energéticos y los vinculados al oíl and gas (vaca muerta).

En dicho escenario hipotético, donde ingresan divisas al país en lugar de salir, lo normal es que peso continúe su apreciación. ¿Y qué pasa con el agro y la industria? Como dijimos, la competitividad de sus productos se ve afectada por la apreciación del tipo de cambio, dado que los productos del resto de países se vuelven más baratos. Sin embargo, hay algunos drivers que podrían ayudar a los sectores de bienes transables a recuperar competitividad.

En primer lugar, el acceso al crédito. Argentina es un país con un nivel muy bajo de crédito al sector privado, apenas un 12% según el Banco Mundial. Ínfimo sí lo comparamos con Chile (79,9%) o Brasil (71,6%). Sin embargo, ahora que el tesoro tiene superávit y se encuentra zanjado el asunto de las LELIQS, el sector bancario abandona el sector público para redescubrir el sector privado, tanto así que el crédito privado lleva 7 meses consecutivos de aumento. 

El acceso al crédito por parte del sector privado es fundamental para cualquier economía, dado que permite a las empresas acceder a bienes de capital que son difíciles de pagar solamente con utilidades. La adquisición de maquinarias y tecnologías de avanzada permiten modernizar los medios, producción, facilitar la formación de las cadenas de valor y en su conjunto, mejorar la competitividad de las compañías. Además, el acceso al crédito permite financiar proyectos de inversión que de otra forma serían inaccesibles. Por ello, los países que más han crecido en los últimos años tienen niveles de crédito al sector privado muy altos, como es el caso de China (194,7%) o Corea del Sur (176,1%).

Además, el gobierno debería avanzar en una quita impositiva que abarate la estructura de costos de las empresas. Bajar las retenciones juega un papel importante en este respecto. Como dijimos, el tipo de cambio bajo es negativo para el sector agropecuario porque hace su producción más cara y menos competitiva. En conjunto, el precio de las commodities como la soja está en mínimos, y se piensa que la caída continuaría por la política económica de Donald Trump. En ese contexto, es fundamental bajar las retenciones para darle oxígeno al sector agropecuario, principal productor de divisas de la economía argentina.

Por último, es importante el rol del cepo cambiario. Quitarlo es necesario para que los inversores extranjeros coloquen capitales en empresas argentinas por medio del mercado de valores, lo que significaría financiamiento para llevar a cabo proyectos de inversión, comprar bienes de capital y generar empleo. Además de ello, liberar el mercado cambiario implica quitar las restricciones a las importaciones, que dificulta la adquisición de insumos por parte del sector productivo.

En conclusión, la economía argentina enfrenta nuevos desafíos para el año 2025, como consecuencia del cambiante contexto internacional. Es necesario avanzar en un sendero que permita a las empresas recuperar competitividad y productividad. Solo de esa manera se producirán mejores bienes y servicios, se generará trabajo de calidad y se consolidará la recuperación económica.  Los sucesos relativos al crédito, la presión impositiva y el cepo cambiario serán fundamentales en ello.

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