A las 2:20 de la madrugada, en el centro de convenciones de West Palm Beach, Donald Trump se proclamó victorioso frente a sus seguidores, describiendo su triunfo como una “victoria política que no se había visto antes en nuestro país”. Prometió una “era dorada” para Estados Unidos, una nación que, según él, “necesita ayuda muy urgentemente”. Con una retórica centrada en la protección del trabajador estadounidense y la reconstrucción de la economía nacional, Trump planteó un liderazgo de corte nacionalista y de “unidad”, en una noche que electrizó a su base y reconfiguró el escenario político mundial.

A miles de kilómetros de distancia, en Argentina, la victoria de Trump despertó una curiosa competencia de afinidades. Mientras figuras del peronismo destacaban el parecido de Trump con su movimiento, el gobierno de Javier Milei, con su espacio libertario La Libertad Avanza, también buscaba mostrarse como la “versión argentina” del Trumpismo. De hecho, Milei celebró públicamente la victoria del presidente norteamericano y, en un gesto de acercamiento, partió hacia Estados Unidos para reunirse con Trump y discutir la creación de una “liga de naciones conservadoras”. Su propuesta de coalición, que también incluiría a líderes como Giorgia Meloni y Benjamín Netanyahu, plantea una unión de países en oposición a la Agenda 2030 de la ONU, impulsando, en cambio, el libre comercio y una coordinación en defensa y seguridad.

Mientras Milei se define como el aliado natural de Trump en Argentina, figuras del peronismo también señalaron las similitudes entre el magnate y su propio movimiento. “Son más @DonaldTrump que @JMilei, mucho más, @CFKArgentina y @morenoparalavic”, escribió el analista político Raúl Timerman en X, refiriéndose a Cristina Fernández de Kirchner y a Guillermo Moreno. El expresidente Eduardo Duhalde, por su parte, sostuvo que la promesa de Trump de proteger a los trabajadores y a la industria reflejaba el legado de Perón: “Trump afirma que su país sostendrá su libertad promoviendo, protegiendo a sus industriales y trabajadores. La independencia económica se basa en la promoción de la producción y el trabajo. Con la idea de la unidad nacional, es la mayor enseñanza para Argentina que Perón nos legó», mensaje que luego fue compartido por Moreno.

Pantalla de celular con imagen de hombre con traje y corbata

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De esta forma, en Argentina, se está dando un debate inesperado: ¿es Donald Trump más cercano al peronismo que al libertarismo de Javier Milei? Este ejercicio de comparación podría parecer simplista, pero abre una puerta a explorar las profundas diferencias ideológicas que hoy dividen a la sociedad argentina y reflejan la relevancia global de liderazgos de corte nacionalista.

Argumentos para un «Trump peronista»

Quienes afirman que Trump tiene una base ideológica peronista se centran principalmente en su retórica populista y su defensa del proteccionismo. Trump, al igual que el peronismo histórico, se muestra escéptico respecto al comercio internacional y promueve una economía industrialista. La base de su retórica se apoya en un fuerte nacionalismo económico y en la defensa de la clase trabajadora, dos pilares del peronismo argentino desde su fundación en los años cuarenta. Este enfoque proteccionista de Trump, que enfatiza la necesidad de proteger a las industrias estadounidenses de la competencia global, resuena con sectores industriales en Argentina, en especial aquellos que ven el comercio como una amenaza más que una oportunidad.

Además, tanto Trump como el peronismo tienden a desconfiar de las instituciones tradicionales y desarrollaron un estilo político que no depende de los mecanismos habituales de la burocracia. En ambos casos, existe una aversión por las estructuras institucionales que consideran como una carga para el liderazgo fuerte y centralizado que ambos buscan encarnar. Este rechazo al “establishment” institucional llevó a Trump a confrontarse públicamente con el Congreso, el FBI y la CIA, a quienes acusa de formar parte de un “Deep State” que actúa en contra de los intereses del pueblo.

En este sentido, Trump y el peronismo convergen en su enfoque de construcción de poder populista: ambos apelan directamente a las masas descontentas. Trump, al igual que el peronismo, supo explotar la frustración de la población hacia la élite y crear una base de apoyo sólida mediante el uso de un discurso que enfrenta al “pueblo” con las “élites”. Este enfoque fue clave para su éxito y lo vincula de alguna manera con la lógica populista que adoptan, en mayor o menor medida, muchos gobiernos en América Latina.

Un hombre hablando por micrófono

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Trump y Milei: ¿una convergencia ideológica?

Sin embargo, a pesar de estas coincidencias, existe una serie de aspectos que ubican a Trump más cerca de Javier Milei y su movimiento de derecha libertaria, La Libertad Avanza. En temas clave de economía y administración del Estado, Trump se encuentra en las antípodas del peronismo y mucho más alineado con Milei. Uno de los pilares de la administración Trump fue su programa de desregulación. Durante su primer mandato, Trump eliminó cientos de regulaciones federales, con la promesa explícita de «deconstruir el Estado administrativo» y reducir lo que considera una burocracia innecesaria. En su visión, el gobierno debe ser mínimo y centrarse en funciones limitadas, un planteamiento similar al de Milei, quien también aboga por reducir el tamaño del Estado y eliminar organismos públicos que considera innecesarios o corruptos.

En esta línea, el nuevo rol de Elon Musk en el gabinete de Trump es revelador. Trump designó al empresario como jefe del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), también apodado “secretaría de recorte de costos”, en el que Musk asumirá la misión de reducir el presupuesto federal a través de la eliminación de gastos y organismos que considera superfluos. Esta “reingeniería gubernamental” no solo recuerda los recortes de Musk en sus empresas como X y Tesla, sino que refleja la misma visión que Milei en Argentina depositó en Federico Sturzenegger, su Ministro de Desregulación y Transformación del Estado. La tarea de Sturzenegger, como la de Musk, consiste en reducir la burocracia, cerrar organismos y llevar al mínimo la intervención estatal, una meta que ambos gobiernos consideran esencial para garantizar una gestión eficiente y liberar recursos al sector privado.

Asimismo, Trump impulsó una drástica reducción de impuestos, en claro contraste con el enfoque tributario del peronismo, que tiende a aumentar la presión fiscal como herramienta redistributiva. Durante su gobierno, Trump aprobó una reforma fiscal que recortó de manera significativa los impuestos a empresas e individuos, bajo el argumento de que una menor carga impositiva fomentaría el dinamismo del sector privado, la creación de empleo y un crecimiento económico sostenido. Esta reducción de impuestos generó un notable impulso en la economía estadounidense, alcanzando pleno empleo y un período de prosperidad que resultó fundamental para que los votantes optaran por devolver a Trump a la Casa Blanca, prefiriéndolo sobre la continuidad demócrata.

En este sentido, su enfoque está mucho más alineado con las ideas de Milei, quien propone una baja radical de impuestos como eje de su política económica. En contraste, el peronismo ha promovido en las últimas décadas impuestos progresivos y, más recientemente, el “impuesto a las grandes fortunas” para paliar la crisis económica, una medida impensable en la administración de Trump.

Un hombre con un traje de color negro

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La similitud entre Trump y Milei se hace aún más evidente en su postura frente al ambientalismo y en su visión conservadora en temas sociales y culturales. Ambos líderes son críticos de las políticas verdes: Trump, durante su primer mandato, retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático, argumentando que estas políticas perjudican la competitividad de la economía nacional. Milei, en línea con esta postura, también expresó su rechazo a lo que llama el “fundamentalismo ambientalista”, aludiendo a que las políticas verdes limitan la libertad económica. Esta visión contrasta fuertemente con el peronismo, que aunque no adopta una postura ambientalista radical, al menos sostiene una retórica de cuidado ambiental como parte de sus principios.

En el ámbito de la educación y la cultura, Trump y Milei también se alinean en su conservadurismo, tomando posiciones que difieren notablemente del progresismo adoptado por el peronismo en las últimas dos décadas. Ambos rechazan lo que definen como «ideología de izquierda» o «marxismo cultural» en los sistemas educativos. Trump, por ejemplo, prometió el cierre del Departamento de Educación de Estados Unidos, una medida destinada a reducir la influencia federal en los programas educativos que, según él, fomentan valores que considera contrarios a los principios conservadores. 

Durante su campaña, Trump argumentó que esta influencia federal permitió la expansión de una “agenda de izquierda” que incluye, por ejemplo, programas de equidad racial y políticas de inclusión de identidades de género en el sistema escolar, algo que planea reducir mediante la redistribución de fondos hacia un modelo de “elección educativa”. Esto incluiría un programa de vouchers o créditos educativos federales, como el Educational Choice for Children Act, para subsidiar la educación privada, homeschooling y otros costos educativos, permitiendo a las familias elegir escuelas con valores y contenidos que se alineen con sus creencias.

De igual forma, Milei es un crítico feroz del adoctrinamiento ideológico que, según él, existe en el sistema educativo argentino. Al igual que Trump, Milei plantea que la libertad educativa se encuentra restringida por una narrativa progresista que se ha impuesto en las instituciones educativas. La propuesta de Trump de reducir fondos a escuelas que adopten programas de diversidad y equidad es similar al enfoque de Milei, quien también ha defendido la autonomía de las familias en la elección educativa y critica la centralización de contenidos que considera “socialistas” o contrarios a los principios de libertad individual. 

Un hombre con un traje de color negro con letras blancas

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Por otro lado, es innegable que tanto Trump como Milei han adoptado la forma de construcción de poder populista que se le atribuye al peronismo. Ambos líderes construyen su narrativa en torno a una lucha contra el “sistema” y el “establishment”, buscando en las masas populares el respaldo necesario para romper con el statu quo. Este modelo, que se remonta a modelos como el cesarismo o el bonapartismo, encuentra en el peronismo argentino uno de sus ejemplos más representativos en América Latina, pero también se observa en líderes populistas contemporáneos de la derecha, como Viktor Orbán o Jair Bolsonaro.

No obstante, aunque Trump y Milei comparten esta forma de construcción política, sus objetivos teóricos son radicalmente distintos. Mientras que el peronismo aspira a un Estado activo que garantice derechos y controle sectores estratégicos de la economía, Trump y Milei buscan precisamente el desmantelamiento de esas estructuras. En este sentido, su populismo se asemeja más a una estrategia de comunicación que a una agenda de intervención estatal como la que históricamente ha caracterizado al peronismo.

Un pragmatismo antiteórico

Finalmente, lo que sí marca una diferencia fundamental, entre Trump y Milei, y la que suelen señalar los sectores peronistas al afirmar que Trump no tiene nada que ver con Milei,  es la base teórica que sustenta su discurso. Milei se define como un “liberal libertario” y fundamenta su política en pensadores como Mises, Hayek y Rothbard. Trump, en cambio, se basa más en el “sentido común” que en una estructura teórica coherente, lo que sugiere un pragmatismo político sin una filosofía definida. Newt Gingrich, en una entrevista para PBS Frontline, señaló que Trump es, en esencia, el “político antiizquierdista más eficaz de la historia moderna”, cuyo rechazo a ciertas políticas responde a que las percibe simplemente como “estúpidas” o “dañinas”, en lugar de basarse en un análisis filosófico estructurado.

Una camioneta de color blanco

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El enfoque lo diferencia de Milei, quien se apoya en la teoría libertaria de manera casi dogmática. Para Milei, cada intervención del Estado es vista como una violación de los principios de libertad individual y de mercado, mientras que Trump aplica un filtro pragmático, eligiendo políticas y prácticas según su efectividad y utilidad política, y no necesariamente porque encajen en una visión ideológica o teórica. Este aspecto hace que Trump sea percibido más como un líder anti-establishment y menos como un verdadero libertario. Sin embargo, como se pudo observar a lo largo de este articulo sus similitudes en la práctica son muchas.

¿Trump, peronista o libertario pragmático?

En conclusión, si bien algunos elementos del trumpismo se asemejan al peronismo, en especial su retórica populista y su escepticismo hacia el libre comercio, la gran mayoría de sus posturas y políticas lo acercan más a las ideas de Javier Milei. Su enfoque de desregulación, baja de impuestos, y su crítica al ambientalismo radical reflejan un modelo mucho más similar al proyecto de La Libertad Avanza que al peronismo. Trump comparte con Milei una visión que busca limitar el rol del Estado y reducir la burocracia, en contraste con el peronismo, que históricamente ha promovido un Estado fuerte e interventor.

Para aquellos que ven en Trump una figura peronista, esta interpretación ignora aspectos centrales de su política económica y administrativa que lo sitúan en las antípodas de las ideas peronistas. Sin embargo, su éxito y su modelo político de liderazgo populista ofrecen un ejemplo que tanto el peronismo como el proyecto de Milei pueden tratar de emular, cada uno a su manera, para ganarse el favor de las masas. El debate sobre quién se aproxima más a esta figura revela la flexibilidad del trumpismo como fenómeno global, pero lo cierto es que, si tuviéramos que elegir, Trump parece estar mucho más cerca de Milei que del peronismo.

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