Desafíos del Artículo 6 del Acuerdo de París y los Mercados de Carbono

La vigésima novena Conferencia de las Partes (COP29), que se celebrará este año en Bakú, llega en un momento crítico para el futuro del planeta y la lucha contra el cambio climático. Si bien las cumbres de la COP han sido durante décadas un foro esencial para la diplomacia climática, las expectativas alrededor de esta edición son particularmente altas, debido a los crecientes impactos climáticos y la necesidad de una respuesta global más ambiciosa. Tras la firma del controversial «Pacto del Futuro», la COP29 se perfila como un evento decisivo, no solo para consolidar compromisos financieros y de adaptación, sino también para redefinir las reglas del juego en la gobernanza climática global.

La Conferencia de las Partes (COP) es el órgano supremo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), creada en 1992 para coordinar los esfuerzos globales en la lucha contra el cambio climático. Desde entonces, las Partes (o naciones signatarias) se reúnen anualmente para negociar, establecer compromisos y evaluar los avances hacia los objetivos comunes.

En la COP28, celebrada el año pasado en Dubái, se dieron importantes pasos hacia una transición energética más justa y se finalizó el primer Global Stock Take (GST), un mecanismo clave del Acuerdo de París para medir los progresos. Sin embargo, las críticas a la falta de acción concreta, especialmente en la movilización de fondos y el cumplimiento de los compromisos financieros, no tardaron en aparecer. Esto pone a la COP29 en el centro de la atención, como una cumbre donde las decisiones tomadas o postergadas tendrán un impacto profundo en las próximas décadas.

Uno de los temas centrales en Bakú será la financiación climática. En este sentido, la COP29 ha sido bautizada como «la COP de las finanzas». El objetivo principal será resolver los múltiples puntos de discordia que rodean al Nuevo Objetivo Cuantificado Colectivo (NCQG), un mecanismo destinado a movilizar los recursos necesarios para financiar la acción climática a nivel global.

Si bien se han hecho compromisos previos para movilizar 100.000 millones de dólares anuales en financiación climática para los países en desarrollo, la realidad ha mostrado que la mayoría de estos fondos aún no se han materializado. La COP29 tendrá que proponer soluciones creativas que integren al sector privado de manera más activa. La conferencia podría convertirse en un catalizador para la creación de nuevos marcos que faciliten estas inversiones.

Otro tema clave será la operatividad del artículo 6 del Acuerdo de París, que establece los principios para los mercados de carbono, permitiendo a los países cooperar para alcanzar sus objetivos climáticos. Si bien las reglas básicas de este artículo se acordaron en la COP26, dos cumbres consecutivas no han logrado implementar de manera efectiva estos mecanismos.

El potencial de los mercados de carbono es enorme: canalizar financiamiento para proyectos de energía limpia o soluciones basadas en la naturaleza sin incurrir en deuda adicional. Sin embargo, la falta de rigor y las prácticas de «green washing” han desacreditado estos mercados en el pasado, lo que impide que funcionen a escala. 

Uno de los temas más esperados será el desarrollo del Fondo de Pérdidas y Daños, un mecanismo destinado a compensar a los países más vulnerables por los impactos devastadores del cambio climático. Aunque la creación del fondo fue aclamada como un logro histórico en la COP27, hasta ahora solo ha recibido promesas de financiación marginales.

El desafío inmediato para la COP29 será aumentar significativamente las contribuciones a este fondo y asegurar que tenga la capacidad de responder a las crecientes necesidades globales. Además, la participación del sector privado en la financiación de pérdidas y daños será crucial. Sin un compromiso claro de los actores privados, el fondo corre el riesgo de quedarse como una promesa vacía, incapaz de enfrentar los efectos climáticos en países que ya están sufriendo las consecuencias de un sistema climático desestabilizado.

El cambio climático ya está aquí y sus efectos se sienten cada vez más en todos los rincones del mundo. Por eso, la adaptación debe ser un tema central en la COP29. A pesar de la urgencia de preparar a las comunidades y economías para los efectos inevitables del cambio climático, la financiación para la adaptación ha sido históricamente insuficiente.

Los Planes Nacionales de Adaptación (PNA) son herramientas vitales para que los países más vulnerables diseñen estrategias frente a los impactos climáticos. Sin embargo, muchos de estos planes carecen de los recursos financieros y técnicos necesarios para ser implementados. 

La firma del «Pacto del Futuro» el pasado 22 de septiembre, ha sido celebrada por algunos como un compromiso ambicioso para acelerar la acción climática, pero criticada por otros como un instrumento que prioriza las soluciones de mercado y minimiza las responsabilidades de los grandes emisores. Este acuerdo, promovido principalmente por economías desarrolladas, podría redefinir la estructura financiera y las prioridades de la lucha contra el cambio climático.

Sin embargo, el riesgo de que el “Pacto” sea percibido como un mecanismo para perpetuar las desigualdades globales es real. La falta de medidas contundentes para eliminar subsidios a combustibles fósiles y la ausencia de una hoja de ruta clara para la reestructuración de la deuda soberana en los países más vulnerables son señales preocupantes. Si la COP29 no aborda estos temas con seriedad, el Pacto del Futuro podría consolidar una brecha entre el Norte y el Sur Global, dejando a los países en desarrollo sin los recursos necesarios para enfrentar la crisis climática.

El futuro del planeta no puede depender de acuerdos que perpetúen las desigualdades globales o desatiendan las necesidades de los países más vulnerables frente al cambio climático. La COP29, más que una oportunidad, es una necesidad imperativa para que los líderes mundiales den un paso al frente con acciones claras, medibles y ambiciosas. 

La crisis climática no puede esperar y la falta de consenso o de acción concreta en áreas como la financiación climática, la adaptación y la operatividad del artículo 6 del Acuerdo de París, tendría consecuencias devastadoras para las generaciones futuras. Cada decisión postergada hoy será un peso mayor sobre los hombros de quienes hereden un planeta en crisis.

El tiempo de la retórica ha quedado atrás. Es el momento de actuar con visión, justicia y responsabilidad, para que la COP29 no se recuerde solo como un foro de promesas, sino como el espacio donde se tomaron decisiones clave para asegurar un futuro habitable para todos. La historia nos juzgará por nuestras acciones, o por su ausencia, no hay más margen para la inacción.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Tendencias