Un nuevo 8 de Marzo, otro Día Internacional de la Mujer que nos convoca a todxs lxs que se sienten interpeladxs por la lucha feminista. Personalmente, creo que en los últimos años hemos caído en una espiral de repetición de agendas y discursos en el Movimiento Feminista. Luego del 30 de Diciembre del 2020 con la aprobación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y su posterior promulgación en Enero de 2021, la movilización organizada disminuyó considerablemente y se atomizaron los esfuerzos y los objetivos del colectivo.
Aunque las conquistas han sido muchas y me llenan de orgullo los objetivos cumplidos… ¿Qué nos queda por delante? ¿Qué mirada deberíamos priorizar a nivel nacional e internacional? ¿Qué lugar tenemos en las agendas gubernamentales actualmente? ¿Cuál es el rol que cumplimos en la creación de conocimiento?
En un momento donde el Presidente Javier Milei busca invisibilizar la Marcha del 8 de Marzo con su convocatoria a todos los gobernadores a Casa Rosada para plantear los pasos a seguir en la firma del Pacto de Mayo, dejando claro el lugar que ocupa la lucha feminista en su lista de prioridades. Siendo esta una clara provocación al colectivo. Esta no es la única movida en este sentido, sino que se da luego de negar la brecha salarial entre mujeres y hombres, prohibir el uso del lenguaje inclusivo en la administración pública y el recorte presupuestario en áreas claves como la línea 144 y los refugios para víctimas de violencia de género. Atacando de manera directa toda la visibilidad y avances que se habían logrado en materia feminista en la agenda nacional e internacional.
El feminismo es un movimiento que busca la autonomía de la mujer frente a la histórica dominación patriarcal. Esa autonomía está lejos de estar en nuestras manos cuando sigue existiendo una brecha salarial del 26% en Argentina, cuando en los primeros dos meses del 2024 se cometió un feminicidio cada 27 horas y cuando estamos en un momento en el que las agendas a favor de las mujeres y disidencias son totalmente ignoradas y despreciadas por el Gobierno Nacional, como fue mencionado previamente. Sin medidas políticas que promuevan la igualdad salarial y el acceso a oportunidades económicas de calidad, esta brecha continuará creciendo y perpetuándose. Además, las medidas ya mencionadas de desfinanciación de políticas públicas de prevención y contención a víctimas solo incrementarán la vulnerabilidad de las mujeres frente a los agresores.
A nivel nacional ocupamos el 22,2% de los Ministerios, el 44,4% del Poder Legislativo (ley de Paridad de Género), el 41,3% en la Justicia Electoral y estando completamente ausentes en la Corte Suprema de Justicia, las mujeres somos minoría en todos los principales sectores y puestos de poder en nuestro país. La representación de minorías disidentes es, como podrán adivinarlo, ínfima. La subrepresentación en los liderazgos políticos y también empresariales es común a nivel internacional, se debe seguir fomentando la participación activa y masiva de las mujeres y disidencias para poder eliminar las barreras estructurales que se nos imponen.
Nuestros esfuerzos tienen que enfrentar estos intentos de amedrentarnos y lograr ubicarnos como actores políticos inevitables y que no pueden ser ignorados. La transversalidad del movimiento y el carácter internacional de la lucha es un arma de doble filo al hacernos multitudinarias pero atomizadas en la organización y heterogeneidad de las partes.
Las mujeres ocupamos un rol fundamental en la generación de ideas, en la investigación y en el desarrollo de todas las áreas del conocimiento humano. La clave está en que no somos valoradas como corresponde. Es importante que se impulse este reconocimiento y que se promueva la participación equitativa en la academia, rompiendo con las barreras de discriminación de género, de sesgo y falta de oportunidades que nos encontramos constantemente.
A riesgo de sonar apocalíptica, la aprobación de la ley IVE no fue suficiente, fue una importante, pero pequeña conquista de nuestra lucha. Las fallas siguen existiendo en un sistema que constantemente busca ampliar la diferencia entre opresores y oprimidos, donde nuestro sector sigue siendo bombardeado por inequidades, injusticias, barreras y violencia. El feminismo no debe ser conformista y en los días que corren en nuestra amada Argentina, la historia nos demanda ser la columna vertebral de la resistencia ante una ultraderecha que busca pulverizar nuestros logros y bastardearnos personal y colectivamente.





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