La incomodidad en la política siempre es importante y, a menos que se sea un político, fiscal o periodista que incomodó a su espacio y a los agentes que están encima, suele terminar con resultados positivos. Se podría considerar que comparte casi la misma premisa de “cualquier publicidad es buena publicidad”.

La incomodidad juega un papel crucial como motor para el cambio político, especialmente en el contexto argentino. Cuando las estructuras políticas establecidas comienzan a sentirse cómodas y arraigadas en la rutina, la incomodidad surge como un elemento disruptivo que desafía la estabilidad del sistema. En Argentina, la incomodidad ha sido históricamente un precursor del cambio político significativo. 

La incomodidad no se refiere necesariamente a ese sentimiento de huida que uno experimenta ante algo que no le agrada, sino a la incomodidad que amenaza la zona de confort y costumbre, lo que a menudo puede despertar la natural curiosidad humana. Curiosidad que puede llevar a un estado de morbo, donde uno se siente atraído por lo desconocido y lo inusual, casi de forma adicta o repetitiva. 

Tomemos uno de los ejemplos más claros y luego uno de los más recientes. La asunción de Javier Milei, no necesariamente como Presidente, sino como figura y líder rebosante de popularidad, tuvo como combustible principalmente y desde sus primeras apariciones en la TV y las redes, la incomodidad como condicionante primario. Principalmente por lo que lo catapultó a la fama: sus modos y su contenido. Que aparezca gritando y peleando en televisión, sin duda incomodaba a sus contrincantes, colegas y hasta al propio conductor. Era disruptivo, extravagante, algo nuevo y refrescante en el escenario del debate y análisis político. Pero,  por supuesto, también estaba el contenido de sus modos. Cuando no gritaba, o sobre todo cuando lo hacía, sus exposiciones incomodaban a todos por igual. Sus principales críticas contra “la casta política” señalaban con el dedo a toda la estructura política consolidada hace 40 años, incomodando tanto a dirigentes, políticos, militantes, opositores, oficialistas, estudiantes, jubilados, trabajadores, pobres y ricos.

Javier Milei incomodaba y muchísimo a todo el espectro político. Por un lado, a la totalidad del peronismo por denunciar sus gestiones, por otro, al partido opositor de Juntos por el Cambio por robarles protagonismo como contra directa. Hasta la izquierda se incomodó, ya que le han cooptado a los trabajadores en un momento en que el peronismo los había perdido.

Con la incomodidad se llega rápidamente al morbo y eso fue lo que hizo que su figura se reprodujera y creciera tanto. Ahora bien, sabiendo que Javier Milei en su momento incomodó tanto, ¿quiénes incomodan en Argentina y quiénes no hoy en día? Ahí surge una nueva incomodidad que nos hace preguntarnos si cambiará el paradigma político como ocurrió con la figura anterior.

Lo que incomoda hoy es que el peronismo, un espacio político que representa aproximadamente a la mitad del país, no está incomodando como bien lo ha sabido hacer, ya sea como oposición o como oficialismo. Eso genera una crisis y desbalance en donde hoy cumplen con ese rol de “incomodador”  el dirigente Juan Grabois por izquierda, y Guillermo Moreno, incomodando por el lado nostálgico de los primeros gobiernos kirchneristas y de la doctrina peronista. 

Pero quien más está incomodando al peronismo y generando ese morbo que se mencionó al principio, es la figura de Nacho Torres, el Gobernador de Chubut. Irónicamente, originario del que fue el principal partido opositor al peronismo, hoy llama la atención por no solo defender su provincia, reivindicando al federalismo, sino por ser la oposición actual más directa y confrontativa a la figura de Javier Milei, rol que la mayoría de los dirigentes del partido justicialista no están sabiendo o pudiendo tomar y su electorado lo sabe con resignación e incomodidad.

Un ajeno al peronismo hoy está siendo el estandarte “anti-Milei”, tomando las medidas que a los peronistas les gustaría tomar respecto a la situación. Pero ¿por qué Nacho Torres si su confrontación está siendo apoyada por gobernadores peronistas también? No solo es por la atención mediática y la fijación que ha tenido el presidente como ocurrió antes con la cantante Lali Espósito, sino por los modos y el concepto que engloban a Nacho Torres, al que se lo acusa de ser una “paloma”, término utilizado hace no mucho para referirse a los dirigentes de Juntos por el Cambio más flexibles abiertos al diálogo y al consenso, estrategia discursiva utilizada tanto por el ex candidato a Presidente del PRO (espacio de Torres), Horacio Rodríguez Larreta, como por el también ex candidato a presidente del peronismo, Sergio Tomás Massa.

Esto último puede ser la puerta de entrada a la nueva incomodidad capaz de marcar tendencia; cuando en 2023 lo que incomodaba era la confrontación y lo disruptivo, hoy, donde este es el status quo, es cuando los modos más dialoguistas y de formas “correctas” no solo resultan fuera de lo común, sino que puede que acompañen un morbo de “lo que pudo haber sido” en las elecciones de 2023. Con esto en mente, quedan preguntas sin respuesta próxima que se disparan tras la nueva realidad política (quizá poco reconocida, pero a estas alturas, innegable) gestada tras la asunción de Javier Milei y su patada al tablero político que tanto sabíamos analizar y jugar durante los últimos 20 años: ¿Podrán estos nuevos actores políticos llegar a ser la norma en el escenario político actual? ¿Podrá Nacho Torres aprovechar la incomodidad que supone, tal y como lo hizo el Presidente en su momento? ¿El peronismo encontrará comodidad o se sabrá reinventar como acostumbra?

Una respuesta a «¿Quiénes Incomodan hoy en Argentina? (y quiénes no)»

  1. […] de “bukelelización”. ¿Por qué estos temas sí incomodan? Bueno, como ya desarrollé en mi artículo anterior, la incomodidad tiene la capacidad de barrer el status quo e impulsar grandes […]

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