La crisis climática requiere de medidas gubernamentales urgentes para atenuar su impacto; sin embargo, la juventud también representa un papel crucial en la transición ecológica, ya que en la actualidad presentan mayor interés en estas competencias y son quienes lideran la concientización sobre el cuidado del medioambiente y las graves consecuencias del cambio climático.
El impacto de la contaminación ambiental
En el mes de julio se vivió una ola de calor a nivel global que podría posicionar al 2023 como uno de los años más calurosos de la historia. Alrededor del 80% del planeta Tierra sufrió temperaturas más elevadas de lo habitual, a lo que el director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, Gavin Schmidt, señaló que este evento no representa una sorpresa y que se seguirán batiendo récords a menos que se disminuya el envío de gases con efecto invernadero (GEI) a la atmósfera.
Solemos pensar que el cambio climático y sus efectos son algo lejano que la mayoría de nosotros no logrará presenciar, pero lo cierto es que ya es posible vivenciar las consecuencias que esta crisis produce: Durante este último año, particularmente la Argentina, ha sufrido periodos de sequía en la Región Centro e incendios forestales en el sur; esto se debe a los aumentos de temperatura producidos por la emisión de GEI como el dióxido de carbono (CO2). En la actualidad, respecto de la era preindustrial, a nivel mundial la cantidad de CO2 se ha incrementado un 50% y el planeta se ha vuelto un 1,2°C más cálido, lo que trae como resultado fenómenos meteorológicos extremos.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, desde hace unos años advierte que las consecuencias del cambio climático son irreversibles. El informe del Grupo Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático (IPCC) del 2022 indica que hay evidencia científica acerca de que “(…) las oportunidades de adaptación a muchos riesgos climáticos probablemente se verán limitadas y tendrán una efectividad reducida si se excede el calentamiento global de 1.5°C y que, para muchos lugares de la Tierra, la capacidad de adaptación ya es significativamente limitada”. En este sentido, es imprescindible que la temperatura de la tierra se mantenga en 1.5°C hasta el año 2100 para evitar consecuencias catastróficas; no obstante, los expertos afirman que, si se continúa enviado a la atmósfera GEI al mismo ritmo que se registra hoy en día, a finales de siglo la temperatura del planeta podría alcanzar los 2.0°C; y si no se toman medidas para mitigar los efectos de la crisis climática, podría alcanzar los 4.0°C.
El informe del IPCC también afirma que quienes más sufren los efectos del cambio climático son los ancianos, los hogares de bajos ingresos, las mujeres, los niños, y los grupos socialmente marginados; y señala que en especial “los pueblos indígenas y los que dependen más directamente del medio ambiente para su subsistencia, ya se ven afectados negativamente por la pérdida de funciones de los ecosistemas”. Las consecuencias del uso indiscriminado de los recursos naturales impactan directamente en la salud física y mental humana debido a que se daña a la seguridad alimentaria y a los medios de vida.
A pesar de que existen grupos más perjudicados, el calentamiento global en realidad damnifica a toda la población humana que se encuentra expuesta a fenómenos meteorológicos y climáticos extremos, la cual es cada vez mayor, ya que en el último tiempo todas las regiones habitadas del planeta han padecido algunos de estos fenómenos en menor o mayor medida.
Los gobiernos como actores principales
Hoy en día el cambio climático se ha convertido en uno de los temas centrales para la geopolítica, por lo que los Estados del mundo han comenzado a asumir compromisos internacionales para hacerle frente a la crisis. Uno de los documentos que cobró relevancia en la última década es la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, que entre sus ejes incorpora la cuestión ambiental e involucra a los Estados adherentes a accionar al respecto. Sin embargo, es poco el avance en materia de política pública, especialmente en América Latina, donde no se perciben agendas consistentes respecto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que buscan dar respuesta a la crisis climática.
Aunque las actividades económicas y productivas de los países en vías de desarrollo son las que menos impacto tiene en comparación a los países desarrollados, y deben ser las grandes potencias las primeras en tomar medidas para paliar las consecuencias de las crisis ecológica, si se quiere preservar el medioambiente y resguardar a las futuras generaciones es imprudente que la transición ecológica no sea parte de la agenda gubernamental de los países de la región latinoamericana, no solo para que el planeta Tierra no se vea comprometido en un futuro próximo, sino para el desarrollo de los países y sus poblaciones. Es por ello por lo que paulatinamente los Estados de la región comienzan a elaborar e implementar planes estratégicos para poner en marcha esta transición, la cual implica avanzar hacia un modelo de desarrollo sostenible, eficiente en el uso de los recursos.
En el caso argentino, el gobierno presentó en 2022 el Plan Nacional de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático para reducir las emisiones de GEI al año 2030 y mitigar los efectos del cambio climático. Este cuenta con seis líneas estratégicas: Transición energética; transición productiva; movilidad sostenible; territorios sostenibles y resilientes; conservación de la biodiversidad y bienes comunes; y gestión sostenible de los sistemas alimentarios y bosques. Además, cuenta con enfoques transversales donde se busca implementar medidas que alcancen a la población más vulnerable, entre ellos los jóvenes.
El Plan pretende, entre otras cosas, promover espacios de participación de los jóvenes con herramientas para fortalecer sus capacidades e involucrarlos en la toma de decisiones a partir de la identificación de sus necesidades y demandas. Esta meta parte del reclamo de acción al Estado por parte de la juventud que “se juega su presente y futuro”.
Nuevas generaciones y nuevas preocupaciones
En 2021 se realizó una investigación financiada por la plataforma Avaaz y dirigida por la Universidad de Bath en Inglaterra, en colaboración con otras cinco universidades, para conocer la posición de los jóvenes respecto al cambio climático.
La encuesta fue iniciada por un total de 15.543 personas entre 16 y 25 años, y completada por 10.000 jóvenes. Si bien, muchas más personas participaron de la encuesta, solo se tomaron las respuestas de quienes residían en diez de los países seleccionados para “(…) reflejar las poblaciones del Norte y del Sur Global, que representan una gama de culturas, ingresos, climas, vulnerabilidades climáticas y exposición a diferentes intensidades de eventos relacionados con el clima” (Marks, et. al., 2021).
La encuesta arrojó que casi el 60% de los jóvenes se sentían “muy” o “extremadamente” preocupados por el cambio climático. El 45% dijo que “sus sentimientos sobre el cambio climático afectan negativamente su vida diaria”. A su vez, más del 50% sostuvo que se “habían sentido con miedo, tristeza, ansiedad, enojo, impotencia, indefensos y/o culpables” y el 77% señaló que el futuro es “aterrador”.
Entre los sentimientos menos reportados se encontraron el “optimismo” y la “indiferencia”; más de la mitad (56%) señaló que cree que la humanidad está condenada y cuatro de cada diez encuestados (39%) dudan si tener hijos. Además, el 55% afirmó que cree que tendrán menos oportunidades que sus padres.
Los resultados también demostraron que los jóvenes que mayor preocupación sienten respecto al cambio climático son aquellos que residen en países más pobres y más afectados por este fenómeno, particularmente los países del Sur Global. Otro dato relevante de esta investigación es que el 65% de los encuestados piensa que sus gobiernos están fallándoles a la juventud al no actuar ante el cambio climático; y el 83% dijo que las personas fracasaron en cuidar el planeta.
La incertidumbre y la ansiedad respecto al futuro, sobre todo de los jóvenes del Sur Global, se encuentran relacionados al impacto de la crisis climática en la región. Según el informe del IPCC es probable que en América del Sur y Central «las temperaturas promedio hayan aumentado y seguirán aumentando a un ritmo mayor que el promedio mundial».
¡Es hora de actuar!
La juventud se ha cargado al hombre la lucha por el cuidado del medioambiente y le reclama a los líderes mundiales que actúen rápida y eficazmente para preservar el ecosistema. En Argentina, cada 27 de septiembre se movilizan cientos de jóvenes en el marco del Día Nacional de la Conciencia Ambiental, en el cual se alerta sobre el cambio climático y la consigna que resuena es “No hay planeta B”. Asimismo, participan de convocatorias de distintos organismos nacionales e internacionales para debatir estrategias para hacerle frente a la situación ambiental: No solo se manifiestan en las calles y a través de las redes sociales, impulsan proyectos legislativos y políticas públicas.
En 2020 promovieron la sanción de la Ley Yolanda N° 27.592 que “(…) tiene como objetivo garantizar la formación integral en ambiente, con perspectiva de desarrollo sostenible y con especial énfasis, en cambio, climático, para las personas que se desempeñan en la función pública” y en 2021 la Ley de Educación Ambiental N°27.621 que “establece el derecho a la educación ambiental integral como una política pública nacional”. Hoy en día reclaman la sanción de leyes que protejan los humedales, y que estimulen el reciclaje en las empresas, premiando a quienes introduzcan en el mercado productos elaborados con materiales reciclados y cobrando tasas ambientales a quienes no.
Según las Naciones Unidas, los jóvenes “pueden ser una fuerza de apoyo para el desarrollo” y juegan un papel fundamental en responsabilizar a los gobiernos. Por este motivo, este organismo apoya a esta generación y la incita a participar de la Agenda 2030, ya que los considera pensadores críticos con “capacidad de identificar y desafiar las estructuras de poder existentes y los obstáculos para los cambios”; agentes de cambio con poder de movilizar a otros; innovadores que “pueden brindar nuevas ideas y soluciones alternativas”; comunicadores que pueden llegar a sus compañeros; y líderes que “pueden manejar el cambio en sus comunidades y en sus países”.
La conciencia de la juventud respecto a la crisis ambiental y a los peligros que esta acarrea pueden ser la herramienta fundamental para cambiar el destino de las sociedades. Es inevitable el deterioro del planeta luego de cientos de años de explotación desmedida de los recursos naturales y del inconmensurable descuido del ecosistema. Sin embargo, aún es posible reducir el impacto ambiental, preservar el medioambiente y procurar que los jóvenes y las futuras generaciones no vean disminuida su calidad de vida a causa de las consecuencias climáticas.
La lucha ambientalista y la presión que esta ejerce sobre los gobiernos, sin embargo, no es suficiente si los Estados no priorizan la agenda ambiental y no se plantean un modelo económico y productivo, competitivo y, a su vez, amigable con el planeta Tierra. Teniendo en cuenta el impacto del calentamiento global en los últimos años, más temprano que tarde todas las naciones deberán adaptarse si quieren procurar el desarrollo de sus economías y sus sociedades.





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