En una Plaza de Mayo rebosante tanto de agua como de expectativa, Cristina Fernández de Kirchner llenó uno de los dos casilleros respecto a las especulaciones en la previa del acto del pasado jueves: estará activamente al frente de la campaña presidencial del Frente de Todos (si es que se seguirá llamando así), más no le dio su bendición a ninguno de los aspirantes a la Casa Rosada que buscan la nominación del espacio que integra. Al mismo tiempo, entre pausas, risas y algún chiste, desoyó gentilmente al clamor de “una más y no jodemos más” con el que se le insistió desde la multitud que diera marcha atrás con sus líneas y líneas respecto a que no será candidata, y que se decida a competir por tercera vez. Eso no sucederá.

Con un fuerte énfasis en la necesidad de consensos transversales en la estabilidad económica Argentina y específicamente en la revisión del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, en la necesidad de iniciar un giro democratizador frente al estado de la Corte Suprema de Justicia y en la urgencia de refundar el pacto democrático que data desde 1983 ante los nuevos desafíos e insurrecciones de nuestro tiempo, CFK identifica horizontes cuya profundidad no caben en una campaña que abarca un puñado de meses, pero que sirven para reactivar el dispositivo del entusiasmo en los afines y en apurar el ocaso albertista para mostrar que si bien hay poco para mostrar, hay motivos por los cuales luchar. El hacia dónde vamos.

Una de las críticas a la vicepresidenta suelen ir por el lado del descalce entre sus visiones de corte estructural y cuyas modificaciones podrían llevar años, ante las urgencias principalmente en materia económica que atraviesa hoy el país. Entendiendo su rol como la cabeza de la estrategia electoral del oficialismo, y no de quien aspira a tomar las riendas desde el próximo 10 de diciembre, podríamos decir que la interpretación y vuelco de dichas perspectivas a un plan de gobierno concreto es tarea de quien encabece, justamente, la virtual ejecución del mismo: el precandidato o precandidata presidencial que lidere el ticket del peronismo en las próximas elecciones.

Pero no se trata solo de una dinámica de bajar a tierra los puntos nodales que menciona la VP, sino de algo mucho más complejo y que fue advertido, entre otros, por el periodista Nicolás Lantos en El Destape, tal como lo hace en su artículo “Elecciones 2023: el desafío del Frente de Todos no es ganar la elección sino prepararse para gobernar”, dónde detalla la crisis de los presidencialismos fuertes en la que se encuentra nuestra región. Casos como los de Guillermo Lasso en Ecuador, mismo Gabriel Boric en Chile, o incluso los primeros pasos del tercer mandato de Lula Da Silva en Brasil, pueden graficarse en el cuadro que describe Lantos: “América del Sur, el continente que durante muchas décadas fue caracterizado por la ciencia política y la cultura popular como una zona de caudillos, presidencialismos fuertes, autócratas con mano de hierro y poco respeto por las instituciones, se ha convertido, con el correr de la última década, en tierra de democracias frágiles y ejecutivos débiles”. 

Argentina, como la región en sí, enfrenta problemas coyunturales y estructurales. Así como el replanteamiento del pacto democrático exige tiempos mucho más extensos y contemplativos que el engrose de los precios semana tras semana en las góndolas, no por eso hay que minimizar la crisis de representatividad y el divorcio entre la dirigencia política y la sociedad que hoy atraviesa al escenario local. Cristina se colocó -desde hace meses, una y otra vez- por fuera de la danza electoral para empujar dicho proceso desde la posición que hoy podemos identificar como jefa de campaña: los sucesos del último 25 de mayo pueden terminar de conformar el cuadro, en dónde a CFK enumerando los puntos clave que identifica al momento de pensar la Argentina que viene, hay que sumarle una escena post-créditos esencial para entender cómo continúa la trama: el ministro del interior, Eduardo “Wado” De Pedro, difundiendo un video en redes sociales en tono de lanzamiento de campaña.

Algunos puntos a tener en cuenta: en caso de obtener la nominación: De Pedro será el primer representante del núcleo kirchnerista -fuera de CFK o Néstor Kirchner, por supuesto- en competir en las presidenciales, con un historial de afinidad a la vicepresidenta muy diferente al de Alberto Fernández, así como al de Daniel Scioli -aún teniendo en cuenta la fidelidad del embajador en Brasil con el frente, prácticamente desde su génesis-. De Pedro se mantiene como un disidente dentro del propio gobierno nacional, siendo público el distanciamiento que existe entre él y Fernández, el cual trepó incluso a una renuncia al cargo de ministro del interior por parte suya la cual, finalmente, no prosperó: eran tiempos dónde se hablaba de la salida masiva del gobierno de los funcionarios afines a Cristina Kirchner. Si bien tamaña táctica no se materializó, las heridas jamás cicatrizaron.

Sin (aún) apelar a la “dedocracia” de 2019, la interna del Frente de Todos empieza a ordenarse gracias a la capacidad de tracción de la socia mayoritaria de la coalición. El posible ticket de De Pedro, con un gobernador, gobernadora, senador o senadora secundando como candidato a la vicepresidencia, con Sergio Massa en un rol símil Roberto Lavagna 2002-2003, continuando a cargo de la cartera de economía, y en sintonía con un Axel Kicillof aliviado de poder mantener su competencia en la Provincia de Buenos Aires, la idea de una Primaria Abierta, Simultánea y Obligatoria empieza a desarticularse y el oficialismo enfila hacia una campaña con mucho menos que exhibir que en 2015, con la unidad del 2019 ya sin ser garante de triunfo y con unos comicios que perfilan resultados probablemente similares en cuanto a porcentajes a los de 2003.

De Pedro, con un pié en su accionar orgánico para con el cristinismo y otro en un armado que incluye beneplácito de gobernadores, referentes del peronismo no-K como Juan Manuel Urtubey y hasta el dirigente sindical Luís Barrionuevo, hoy camina con la posibilidad de ser el candidato del FDT por aclamación, escenario que hasta hace un año era impensado. En línea con el citado Lantos, que se confirme su candidatura no será más que el inicio de una campaña con diversas dificultades para el oficialismo, con desafíos que no supo abordar en los últimos cuatro años y con un escenario regional de devaluación de liderazgos sin que termine de quedar en claro qué puede conformarse como superación de ese estadio.

Mención aparte a uno de los aspectos que se desprenden de los nodos descritos por CFK y que ya forman parte de la víspera de la campaña: diversificación productiva, administración de nuestros recursos, acuerdos entre públicos y privados y capacidad de transformar las potencialidades industriales, tecnológicas y naturales de nuestro país en mejoras en la calidad de vida concretas y duraderas. El peronismo demostró, salvo excepciones, no poder completar un plan sólido para estos novedosos escenarios. Matías Kulfas, exministro de producción, da un diagnóstico sobre dicha cuenta pendiente, la cual se debe tanto por los imprevistos con los que debió lidiar la administración Fernández -la pandemia, principalmente- pero también que se explica por los conflictos internos que llevaron a que, en el poder, el Frente de Todos pasara más tiempo en una convivencia conflictiva que en una armonía constructiva. No cabe en ninguna cabeza una gestión autopercibida peronista que invierta más tiempo en disputas entre parcelas dentro del gabinete que en el debate del modelo productivo, nuevos puestos de trabajo, formación y la repercusión de estos proyectos en la socioeconomía. El tiempo para no-renuncias y disputas entre sectores intra gestión -si es que ese tiempo alguna vez existió- ya se esfumó. 

Mientras tanto, paneos, discursos, tweets y selfies de los principales agentes del Frente de Todos exhiben las primeras muestras de salida del loop “Cristina presidenta” y con una mirada, finalmente, hacia las semanas decisivas que se avecinan de cara a las elecciones. Se sugiere, se coquetea y hasta se bromea. No confirman candidaturas, pero nos dan contenido. 

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