Conmigo Podés Hablar

Bastante trillada está esa expresión que reza que “crisis significa oportunidad”. Si nos adentramos en la veracidad de su origen semántico, encontraremos que dicha expresión no proviene de Japón, como se cree popularmente, sino que lo hace desde el chino tradicional. Según se dice, uno de los dos caracteres que componen a la palabra “crisis” en ese idioma responde a lo que en occidente identificamos como oportunidad. Plot twist: dicha interpretación responde más a la fantasía que a un hecho fáctico de dicha lengua. El anexar los caminos de crisis y oportunidad es, sin embargo, algo muy común en la política al momento de entonar un discurso frente a aguas turbulentas. Y esa práctica bien lejos está de tener patente argentina, más allá de nuestra expertiz en crisis de todo tipo: fue un joven senador estadounidense quien, en un discurso que data de 1959, mencionó que “Cuando escribís en chino la palabra ‘crisis’, esta se compone de dos términos: uno representa peligro, el otro oportunidad”. Que dicho dirigente al habla no haya sido otro que John Fitzgerald Kennedy en vísperas de asumir la presidencia de Estados Unidos, le dio un empujón a la errada interpretación que perdura hasta nuestros días. 

A lo nuestro: en política, una crisis, la gran mayoría de veces, es una crisis con más crisis en su interior y con crisis derramándose a sus costados. Lo que no quita dos factores que pueden ayudarnos a entender un poco a la gran historia de la última semana: a veces hechos que parecen avizorar una catástrofe impactan de una manera menor a lo que se esperaba, sumado a que la ruptura en un status quo en un área de gobierno pueden ayudar a reorientar el juego y pulir a los sectores no tan favorables o ineficaces del modelo saliente.

Máximo Kirchner renunció el último lunes 31 de enero a la presidencia del bloque del Frente de Todos en la Cámara de Diputados, en un comunicado en dónde manifestaba sus fuertes discrepancias con el acuerdo que el gobierno nacional desarrolló con el Fondo Monetario Internacional. Aquel hecho salpicó hacia varios escenarios: primero, aparentemente ya no hay una buena sintonía entre el referente de La Cámpora y Sergio Massa -de hecho en la carta acusa cierta presencia mayoritaria del líder del Frente Renovador en las decisiones del presidente-, luego, el debate en la cámara baja a por el acuerdo será más arduo de lo que parece para el oficialismo -y no solo por la oposición- y, finalmente, la ronda estará completa una vez que la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner manifieste qué opina respecto a la decisión de quien además de protagonista del núcleo kirchnerista de la coalición, es su hijo. Al mismo tiempo, mientras los comentarios de Máximo se viralizaban por cada salón de Casa Rosada, pasillo del Congreso y estado de red social, muchos anunciaban la mismísima disolución del Frente de Todos.

Anochece en Argentina. Horas tras la salida de Kirchner. El presidente Alberto Fernández, en una entrevista en C5N, habla por primera vez tras la renuncia: “(Máximo) Lo habló con Cristina, y Cristina no estaba de acuerdo con esto” dijo el mandatario, explicando que la jugada no contaba con el aval de la vicepresidenta. Tras detallar sus intentos de convencerlo de mantenerse en el cargo, lo cual fue en vano, Fernández envalentonó su figura y desdramatizó la salida del diputado: “El presidente soy yo, y hay un punto dónde tengo que tomar las decisiones y resolverlo. Estoy convencido de que tomamos el mejor camino, ¡estoy seguro de eso! Eso no quiere decir que dentro del Frente no haya matices, preocupadas porque este acuerdo conduzca un ajuste que no queremos hacer. Yo eso lo respeto. Máximo tomó esta decisión, bueno, mañana estaremos viendo quién lo reemplaza”. 

En simultáneo, y un tanto haciendo honor a la apreciación de Máximo Kirchner de un predominio del Frente Renovador en la mesa chica del gobierno, era el propio Presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, quien encabezaba junto a Fernández la búsqueda de un nuevo líder para la bancada. Al mismo tiempo se especulaba con un comunicado de Cristina que aclarara, no en boca del presidente, sino en sus propias líneas, en dónde se posiciona tras la salida del diputado Kirchner. Pero en eso quedó el asunto: por ahora puras especulaciones.

Desde el ala más centrista del Frente de Todos no se le perdonaba a Máximo Kirchner su actitud en lo que fue el debate por el Presupuesto 2022: cuando éste estaba a punto de regresar a comisión para, revisiones mediante, regresarlo a la cámara baja para su votación y eventual aprobación -algo que una oposición empoderada tras las legislativas del año pasado pidió como requisito-, el santacruceño le recordó a éstos su desempeño económico durante la administración de Mauricio Macri: “Me llama poderosamente la atención el comportamiento que están teniendo ante una situación gravísima que dejaron” dijo, entre otros componentes de un enardecido discurso. El Presupuesto naufragó, el kirchnerismo duro pareció encerrarse tras sus propias compuertas y el divorcio de la unión entre Kirchner y Massa maduró a pasos agigantados tras aquel hecho. “Acá pareciera que quieren alguien que dé la patita y haga el muertito y yo no lo pienso hacer, ni dejar que me domestiquen” deslizó Kirchner horas después. 

La tendencia al hermetismo del líder de La Cámpora, enemistado con sus pares del Frente Renovador, en disidencia con el presidente y siempre reacio a entrevistas y off the record para con los periodistas acreditados en el Congreso, fue un punto de partida para definir a su sucesor: alguien que, justamente, cumpliera con los requisitos dialoguistas que el mandamás del ejecutivo y el líder de la Cámara de Diputados identificaban como imprescindibles no solo para la estética política del FDT, sino también para la conformación legislativa tras la derrota en los comicios del año pasado. La crisis no necesariamente significa oportunidad, pero la salida de Máximo Kirchner podría ser una chance de imprimir un nuevo estilo a la conducción de la bancada, atrayendo a un nuevo líder por fuera al núcleo duro K así como también al ámbito massista. La cobertura del Diario Perfil obtuvo un testimonio anónimo de cómo llegó el nombre del sucesor, Germán Martínez: “Pensá que tiene un buen vínculo con todos los sectores del espacio, el massismo, el kirchnerismo, los gobernadores. Es lo que necesitamos en estos momentos”.

Martínez, politólogo originario de Santa Fe que fue electo diputado nacional por dicha provincia en 2019, no sólo responde al perfil amplio y dialoguista que tanto deseaba el binomio Fernández/Massa, sino que puede oficiar de llave para el aproximamiento de Agustín Rossi, el ex Ministro de Defensa quien, cómo se dice, “volvió al llano”, tras no lograr derrotar a la lista del gobernador Omar Perotti en las primarias del último año. Vale decir que su rival fue apoyado tanto por Alberto Fernández como por Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, las discrepancias con el kirchnerismo duro de cara a nada más y nada menos que el debate por el acuerdo con el FMI, sumado a la necesidad de limitar, al menos en las formas, la absorción de poder del Frente Renovador, en nombre del equilibrio de la alianza, abrió la cancha para Martínez y Rossi. Este último, en efecto, es incluso pronunciado como una posible incorporación al gabinete en el corto plazo.

¿Jugada redonda? No. Nunca una jugada redonda puede salir de una renuncia inesperada en plenas tratativas con el Fondo, a meses de una derrota electoral y durante el último año completo -y sin campaña electoral- que el por ahora primer período de Fernández atraviesa. Esta apreciación se basa en lo que el periodista Antonio Riccobene escribió para el mencionado Perfil: antes de Martínez, hubo otro nombre en danza. Y ese nombre fue el de un viejo lobo de mar de la política doméstica, el sanjuanino José Luis Gioja. En el artículo se identifican dos factores que desalentaron al exgobernador de tomar la posta del bloque: primero, mediar con una bancada dividida no solo en las formas, sino potencialmente en la votación. Pero más en profundidad, lo que alejó a Gioja de aceptar dicho cargo fue la posibilidad de que el ejercicio de la presidencia del bloque se hundiera en la mera apariencia.
Riccobene postula un vox populi del Congreso, que podría abrir la puerta a nuevos capítulos en la lista de internas que el Frente de Todos afronta (¿y afrontará?) en Diputados: “Sin embargo, fuentes que participaron en la negociación aclararon que tanto Alberto Fernández como Sergio Massa saben que (la presidencia del bloque) ‘va a ser un puesto testimonial, el poder del bloque lo va a seguir concentrando Máximo Kirchner”.

Escrito por

De Zona Sur. Estudiante de Ciencia Política en la UBA, conductor de Contra Todo Pronóstico y bebedor de café negro.

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