#BlendPolítico Nº8 – Sólo te quedan 3 vidas…

Hola gente hermosa.

Si bien tengo la bendición de haber nacido en Argentina, y específicamente en Córdoba, últimamente convivo con más incertidumbre que un argentino promedio (aka mi vida es un caos). En ese caos perdí una rutina muy gloriosa para mí: sentarme aproximadamente a las 22hs. a jugar a la play, sea lo que sea, y pasar horas y horas. Siempre fui muy fanatico de los juegos de cartas. Allá por mis 8 años con Ernesto comenzamos a jugar al Urban Rivals y empezó un amor para toda la vida. 

En este news vengo hablar claramente de juegos, videojuegos es una nomenclatura española así que acá le vamos a decir juegos. No jueguitos, que si no van a hacer que me enoje, juegos y punto. Perdón por la introducción más larga que la cuarentena, pero tenía que posicionarme en una faceta muy mía (adjunto pruebas). Empecemos y, como siempre, todo pasa… 

Bueno, ahora es cuando ustedes dicen ¿qué carajo tienen que ver los juegos con la política? Y ojota que yo ya les tiré un caso de análisis sobre el Call Of Duty y la creación de “enemigos” para la industria del entretenimiento de los Estados Unidos. Igualmente acá vamos a ver cómo, de forma general, la industria del gaming, donde aproximadamente hay 2.500 millones de jugadores y que a finales del año pasado generó realmente un valor de 162.320 millones de dólares en ingresos, tracciona, modifica e infiere en la vida de las personas y de manera directa en las sociedades modernas. 

Y como todo es política, vamos a hablar de eso tomando el trabajo de Rouco y High Score, un documental de Netflix sobre la historia de la industria que recomiendo fuerte. Es importante marcar los tres momentos de los juegos en la historia hasta llegar a lo que hoy es una realidad completamente asumida. 

En primer lugar tenemos en la época de los 90’, donde las consolas pasaron de estar en un lugar específico y pudieron ser instaladas en cada casa. Nintendo, de origen japonés, dio paso a la masividad de las principales consolas compitiendo cabeza a cabeza con Sega. A la par de los nipones, Microsoft comenzaba a embarcarse en cambiar el paradigma del uso de las computadoras, no solo para trabajar sino para dar lugar a grandes juegos. 

Hagan su top 5 de juegos antiguos (yo soy del 98 así que no me juzguen). Claramente voy por el Age of Empires, el Counter Strike 1.6, el PES, el MU y, si me dejan, el Urban Rivals porque fue mi iniciador. 

Con la llegada y el acceso universal (? de internet se generó la segunda ruptura en la historia de los juegos, se empezó a ver una interconectividad que permitió que una persona no solo pueda jugar con sus amigos sino con gente de todo el mundo. Todo el mundo para nosotros es Brasil. Qué hermoso escuchar a los amigos brasileños decirte “manito” y demás cosas lindas en cualquier lobby de algún juego (que se note la ironía). En este punto, ya habían pasado grandes debates en torno a la sociedad y los videojuegos. Mortal Kombat, la hermosa saga de lucha completamente sangrienta rozando lo gore, el Doom y sus litros de sangre en pixeles y algunos títulos más preocuparon a grandes y chicos y a la educación en torno a los juegos. 

Esta conectividad impulsó la creación de culturas y comunidades propias de los juego, que empezaron a ser espacios de intercambio para quienes los consumían. Creo que el mejor caso que tenemos en Argentina es el MU y sus millones de versiones. Pero a nivel global, juegos como WoW, Starcraft, Counter Strike, FIFA o Smash Brothers crearon grandes hermandades en torno a éstos. 

La última y actual etapa es hermosa. La industria del gaming comienza a ser cosa seria (situate en 2015, aunque podés 5 años para atrás) donde empieza a haber grandes empresas abocadas a la misma, donde la profesionalización de los juegos y la creación de nuevas tecnologías como consolas trajo un nuevo nivel de lo que cualquiera se pueda imaginar. Este boom no solo le permitió a muchos acceder sino que también dio paso a la industria del entretenimiento y un proceso de reconocimiento por parte de la sociedad como algo arraigado a nosotros. 

Desde nuestras mamás que van por el nivel 32432432432 del Candy Crush, tu viejo que juega al PokerStar, tu hermanito/sobrinito que juega a Paw Patrol, hasta yo que lucho por rankear en el Hearthstone y matar a alguien en el Call Of Duty y todos los jugadores profesionales de los E-sports. Los juegos comenzaron a ser cosa seria y la política tomó nota. 

No, la política no tomó nota, sino que los juegos tomaron nota de la política. Cuando todo sube de nivel, quienes comienzan a padecer son los trabajadores de la industria. “¡Pero para! Estás trabajando de lo que te gusta” le decían, “¿sabés la cantidad de gente que le gustaría trabajar creando juegos?” Y un pobre programador decía “necesito comer, un pixel no es comida”. Entonces acá comienzan a llamar al Estado. Este artículo, que como dije en su momento me pateó la cabeza, habla muy bien de la industria del gaming, cómo se sufre en torno a la creación de un juego y la necesidad de empezar a replantearse las condiciones de trabajo en las mismas. 

Otro aspecto fundamental de los juegos y la política son las construcciones de la realidad que estos montan. Ubisoft, quien nos regala juegazos todos los años, fue muy criticada. Su CEO, Alf Condelius, declaró al hablar de The Division 2 en 2008: “Por ejemplo, en The Division nos encontramos ante un futuro distópico y hay múltiples interpretaciones de que refleja el devenir de la sociedad actual, pero no lo es, es fantasía”. “A la gente le encanta poner interpretaciones políticas (sobre el juego) y nosotros nos alejamos lo más posible de eso porque no queremos adoptar una postura en cuanto a la política actual”. Además, añadió que “es malo para el negocio”.

Pero este año la empresa se vió envuelta en una polémica por Far Cry 6, donde tu objetivo como jugador es luchar en una guerrilla contra un dictador en la ficticia isla tropical de Yara, considerada como una analogía de Cuba bajo el gobierno comunista de las últimas décadas.  Giancarlo Esposito, el actor que encarna el “villano” del juego, declaró sobre las particularidades y las similitudes con el régimen de la isla de Cuba. Expuso que «conocemos parte de la historia de Antón (el personaje que él encarna), porque hemos visto surgir y caer a diferentes dictadores en todo el mundo».

David Khavari, director del proceso creativo de Far Cry 6, se defendió de quienes lo juzgaban por inspirarse en la situación del régimen cubano. «Nuestra historia es política. Una historia sobre una revolución moderna debe serlo».  Sin embargo, también señaló que el juego «no quiere hacer una declaración política sobre lo que está sucediendo en Cuba específicamente».

Los juegos también funcionan para promover posiciones o alistarse al ejército. America’s Army es un shooter de primera persona que claramente está destinado a persuadir a los adolescentes del norte a anotarse a las Fuerzas Armadas. Del otro lado se supo que el grupo terrorista islámico yihadista utilizó varios juegos para comunicarse y captar nuevos combatientes. Acá es donde muchos de los analistas se preguntan, ¿del juego a la acción o de la acción al juego? Parece que es un proceso simbiótico de ambos lados.  

No se descarta en ningún punto que todo exceso es malo. China tomó nota de esto y prohibió a los menores de 18 años jugar videojuegos en línea durante más de tres horas a la semana, alegando que es una medida necesaria para frenar la creciente adicción. 

China es fanatico de censurar cosas y entrar en quilombos por la imagen que dan los juegos al Partido Comunista y en contrarrestar la propaganda occidental. El caso más icónico es el jugador profesional de Hearthstone, Ng Wai Chung (Blitzchung), que en el medio de las manifestaciones por la independencia de Hong Kong declaró a favor de la libertad del mismo. Blizzard decidió banearlo del juego, despojarlo de sus trofeos como jugador profesional y las ganancias de sus éxitos. Lo de China y sus mañas dentro de la cultura de los juegos es para otro News entero (déjenme si quieren que explaye).  

Igual no es todo malo. La industria del gaming y los países muchas veces han promovido el uso de los juegos para la interacción social, la creación de equipos propios en mundiales de E-sports o las universidades creando sus propios cuadros especializados en juegos marcan una apuesta por parte de las instituciones en pos de los mismos. 

Como jugador, consumidor y defensor, quiero dejar una reflexión final de los juegos. Es importante entender que, como toda creación del hombre, viene con las configuraciones seteadas de quienes están por detrás del mismo. Muchas veces las intenciones, ideologías o valores se encuentran yuxtapuestos entre los píxeles que vemos en las pantallas. Somos cada uno de nosotros los dueños de las interpretaciones que les queramos dar a ir a pegarse tiros en una isla contra 150 personas o crear una civilización de cedro cuando empezaste siendo un granjero en taparrabos en la era de las cavernas. 

Este news termina de forma abrupta, mi idea es darle mi esfuerzo a 3 entregas. Esta como un preludio de las cuestiones, y pienso tratar de convencer a Ceferino (el que escribe de Economía) para hacer uno juntos sobre los juegos y las criptomonedas, que me parece una parte fundamental de lo que se viene en el futuro. La última entrega sobre los juegos se las dejo como sorpresa. 

Chau. Los dejo y recomiendo cosas: 

  • Lean esto sobre desinformación y Estados Unidos 
  • Me llegó a casa el nuevo número de la revista de NUSO y recomiendo muy mucho 
  • Estoy fanatizado con los realities, vi INSIDERS en Netflix y, aunque en muchas cosas es meh, recomiendo por su planteo original que se podría analizar tranquilamente con Foucault

Escrito por

Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales UADE Maestrando en Defensa Nacional UNDEF Especializado en cuestiones nucleares y Medio Oriente.

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