#EconomíaOnTheRocks Nº8 – La devaluación y sus efectos

¡Hola! ¿Cómo estás?

Acá Cefe nuevamente con la dosis mensual de economía que seguro ya extrañabas. En la edición de octubre vamos a estar hablando un poco sobre qué es una devaluación, cómo la misma repercute en un país en materia de redistribución de ingreso y sus efectos. Para esto voy a estar citando un trabajo realizado por dos grandes economistas llamados Paul Krugman y Lance Taylor para la biblioteca del MIT titulado “Contractionary Effects of Devaluation”.

Casi todos los modelos cuentan una variante de la misma historia: el esfuerzo inicial de la devaluación es subir el precio de los bienes extranjeros relativo al de los bienes locales, creando así un exceso de demanda para la producción local.  Entonces, la producción de bienes locales y los precios domésticos suben. A su vez, también aumenta el ingreso y/o demanda de dinero.  

Hay un supuesto en común en las distintas versiones de esta historia: el impacto inmediato de una devaluación es crear un exceso de demanda por bienes locales. Siempre se ha descartado la posibilidad de que al devaluar se creen más perdedores, en términos de ingreso real, que al disminuir la demanda de bienes domésticos. Esta versión ha prevalecido, a pesar de que hay bastante evidencia empírica que muestra que una devaluación usualmente reduce la demanda agregada.  También es bastante frecuente que caiga el producto y el empleo tras la implementación de esta política.  

La posibilidad de que una devaluación pueda resultar contradictoria suele ser descartada y, sin embargo, la presunción de que una devaluación tiene un efecto expansivo choca con la evidencia empírica. Negar los efectos contradictorios de la devaluación implica ignorar efectos ingresos (modificación en la decisión de consumo de los agentes de la economía al percibir la nueva capacidad de compra que tiene su ingreso monetario), especialmente aquellos que transfieren poder real de compra a actores económicos con propensión marginal a ahorrar alta. Al redirigir ingreso a grandes ahorradores, ex ante, la devaluación crea un exceso de ahorro por sobre la inversión y, ex post, reducciones en el producto real y en las importaciones.  

Las tres circunstancias más importantes son las siguientes:  

1. Cuando una devaluación toma lugar en un país con una balanza comercial deficitaria (el valor de las importaciones supera al de las exportaciones y, por ende, debe estarse financiando de alguna manera), el hecho de que los precios de los bienes comerciables (en el exterior, los que se pueden exportar) suban, reduce el ingreso real local y lo aumenta en el exterior dado que los pagos de moneda extranjera exceden los ingresos. Dentro del país, el valor de los ahorros extranjeros sube (ex ante), la demanda agregada cae (ex post) y las importaciones caen en el proceso. Mientras más grande es el déficit inicial, más fuertes son los efectos contradictorios.  

2. Aunque el comercio internacional esté inicialmente balanceado (exportaciones e importaciones en rangos de valores similares), al devaluar aumentan los precios de los bienes comerciables relativos a los bienes locales, llevando a mayores ingresos en las exportaciones y en las industrias competitivas en importaciones. Si los salarios se atrasan con respecto al alza en los precios y la propensión marginal a ahorrar de los profits (beneficios de los capitalistas) es mayor que la propensión a ahorrar de los salarios, el ahorro nacional aumenta (ex ante). 

3. Si hay impuestos ad valorem (porcentaje sobre el valor comercial del bien) en exportaciones o importaciones, una devaluación redistribuye el ingreso desde el sector privado hacia el gobierno, lo cual aumenta la propensión a ahorrar en el corto plazo. De nuevo, el efecto final es la disminución en la demanda agregada. 

Empiristas sugieren que las tres circunstancias prevalecen especialmente en países subdesarrollados. En estos países el efecto deflacionario de la devaluación es más que una posibilidad remota. El propósito de este trabajo es mostrar en un modelo formal cómo una devaluación puede provocar una contracción de la economía.  

Para ver mas en detalle cómo un fenómeno monetario tal como la devaluación afecta a las partes de un país, dependiendo de su situación inicial, los autores toman un modelo macroeconómico (Keynes-Kalecki, para quien le interese indagar más) que solo incluye efecto ingreso, excluyendo cualquier otro para de esta manera simplificar el ejercicio y nos cuentan que los resultados poco familiares aparecen cuando el tipo de cambio nacional puede cambiar.  

Veamos entonces cómo repercute el efecto ingreso de una devaluación. Aún cuando una devaluación no afecte los términos de intercambio, sí tiene efectos ingreso. A no ser que la balanza comercial esté inicialmente balanceada, devaluar cambia el ingreso real del país en términos agregados. Dentro del país, produce una redistribución desde los trabajadores hacia los que manejan los negocios de importación/exportación, y desde el sector privado hacia el gobierno.  Estos ajustes en el ingreso real interactúan entre sí. Se van a considerar distintos casos por separado.  

Devaluación con un desbalance comercial inicial:  

Una devaluación, al haber un desbalance comercial inicial, reduce el ingreso real nacional y puede llevar a una caída en la demanda agregada (cantidad de bienes y servicios que demanda el total de la economía de un país). El argumento es así: una devaluación produce que, por un lado, aumenten los precios de las exportaciones y, por otro, aumenten los precios de las importaciones. Si el comercio está balanceado y los términos de intercambio (relación divisa vs moneda local, que en el caso argento seria dólar/peso) no cambian, estos cambios en los precios se cancelan entre sí. Pero si las importaciones exceden a las exportaciones, el resultado neto es una reducción en el ingreso real dentro del país. 

En otras palabras, los bienes locales y, por ende, el producto, el empleo y las importaciones, van a subir o bajar dependiendo de si la balanza comercial es inicialmente deficitaria o superavitaria. Dado que los países que devalúan suelen estar en déficit comercial, van a presenciar una contracción. La magnitud para un porcentaje de la devaluación es proporcional al ratio del déficit contra la producción de bienes locales.  

Efectos sobre la distribución:

Si los salarios están fijos en el corto plazo (esto suele pasar por políticas de proteccionismo al trabajo), una devaluación redistribuye el ingreso desde los salarios hacia los beneficios de los empleadores y las rentas. Si la propensión marginal a ahorrar a partir de beneficios obtenidos es mayor a la propensión marginal a ahorrar a partir de los salarios, este cambio en la distribución del ingreso reduce la demanda agregada y, por lo tanto, las importaciones. Por otro lado, si las propensiones marginales consumir son iguales, las devaluaciones no tienen un efecto de corto plazo en el producto, el empleo o el comercio, solamente transferencias desde salarios a beneficios.  

Efectos fiscales de la devaluación:  

Hay muchas posibilidades: si las cuentas gubernamentales no están inicialmente balanceadas, hay un efecto ingreso comparable al generado por una devaluación vía déficit comercial; si hay impuestos al ingreso progresivos o mayores impuestos en los beneficios que en los salarios, el gobierno se queda con una mayor parte del ingreso; finalmente, si hay impuestos ad-valorem en exportaciones o importaciones, mayores precios de bienes comerciables redistribuyen ingreso al gobierno. Una manera de ver este último punto es decir que el sector privado paga más por las importaciones que lo que gana por las exportaciones, a pesar de que la balanza comercial esté equilibrada para el país en conjunto. 

Efectos monetarios de la devaluación: 

El hecho de que los efectos en el ingreso de una devaluación pueden ser irrelevantes si la autoridad monetaria mantuviera el agregado monetario constante puede ser discutido. Esto es correcto en parte: si el agregado monetario como el M2 (agregado monetario que incluye monedas y billetes en manos del público, las reservas de los bancos y a ello le suma los depósitos a corto plazo, libretas de ahorro, cuentas a la vista y los acuerdos de recompra diaria que las personas tienen en el sistema financiero) fuese constante, los efectos multiplicativos del impacto en el ingreso real serían desalentados. Por otro lado, en un escenario de devaluación, al subir los precios, aumenta la demanda por dinero para cualquier nivel de producto o empleo. Si el stock nominal de dinero se mantiene constante, esto podría tener un efecto contractivo en el producto real. Teniendo en cuenta esto, la devaluación, manteniendo la oferta monetaria constante, puede ser más o menos contractiva que devaluar manteniendo las tasas constantes. 

La identidad de la creación de la base monetaria en ausencia de operación de mercado abierto es: creación de base = déficit del gobierno + balance de pagos. Ya vimos que una devaluación va a aumentar los ingresos del gobierno por medio de su efecto en impuestos indirectos. También vimos que una devaluación puede causar que el déficit comercial empeore en moneda doméstica y mejore en dólares. Así que es posible, hasta probable, que una devaluación lleve a una reducción en la tasa de crecimiento de la base monetaria (una influencia deflacionaria adicional) en una circunstancia tal como la descripta.  

Implicancias en políticas:

Conclusión parcial: por lo menos en el corto plazo, devaluar puede tener los efectos no deseables al cambiar la distribución del ingreso en contra del trabajo, reduciendo el empleo y la producción.  

Los gobiernos, especialmente en países subdesarrollados, no son lo suficientemente flexibles como para manejar la economía de una manera “fina”. Por ende, no se puede tomar por hecho que una devaluación pueda ser acompañada por medidas de estabilización adecuadas y, entonces, no se pueden ignorar los efectos sobre la demanda agregada. Un argumento razonable empieza aquí y continua de esta manera:  

  1. En el corto plazo el déficit de la balanza de pagos es “estructural”, o sea, tanto las importaciones como las exportaciones no tienen mucha sensibilidad a los cambios en los precios para un nivel dado de producción local.
  2.  Por consiguiente, cualquier efecto favorable de una devaluación en el corto plazo en la balanza comercial viene, principalmente, por medio de una contracción económica más que por una sustitución.  
  3. Las devaluaciones no solo reducen el producto y el empleo, sino que también redistribuyen el ingreso desde el trabajo al capital.  
  4. Por ende, devaluar es una cura muy costosa, y una devaluación lo suficientemente grande como para reducir sustancialmente el déficit de la balanza de pagos en el corto plazo puede ser inaceptable. En ese caso, el gobierno debería intentar reducir el déficit de corto plazo y trabajar en dirección a eliminar sus dificultades estructurales por medio de la expansión productivo de bienes comerciales en el mediano plazo. 

La cuestión está en cómo se corrigen los problemas estructurales. En economías que están muy abiertas al mercado mundial es probable que la inversión estatal directa no sea de mucha ayuda. Es decir, una política diseñada para expandir la capacidad de los bienes comerciales probablemente tenga que depender en estímulos a la inversión privada. Esto puede ser logrado por medio de muchas políticas: subsidios, tarifas, créditos preferenciales o tipos de cambio múltiples. También puede ser logrado, sin contar las distorsiones microeconómicas que estas medidas provocan, por medio de una devaluación, que aumenta la rentabilidad de la producción de bienes comerciables. Quizás, uno debería pensar en la devaluación como una medida destinada a rectificar las dificultades de la balanza de pagos en el mediano más que en el corto plazo.  

Sin embargo, al desafiar la postura sobre los efectos de la devaluación en la demanda agregada, el trabajo de los autores no niega la utilidad de esta herramienta. Pero es importante que los diseñadores de políticas tengan en cuenta sus efectos contradictorios. Normalmente, devaluar es considerada una medida de “cambio de gasto”, que debería ser combinada con una política de “reducción de gasto”.  Esto es muy importante a mi manera de ver las cosas, porque en caso de utilizar esta herramienta, que como vimos es frecuente en políticas de los gobiernos de países subdesarrollados, y no acompañarla por una reestructuración del gasto, no tendría mucho sentido porque en un corto plazo se volvería a incurrir en el mismo problema.

Como pudimos ver, una devaluación por sí sola puede tener un efecto de reducción del gasto. Un plan de estabilización que combine una devaluación con un aumento de los impuestos puede llegar a apilar más deflación sobre la deflación inicial, y el gobierno puede encontrarse confrontando con una caída más pronunciada en el producto. Una devaluación debería, en muchos casos, ser acompañada por medidas que aumenten la demanda.

¡Gracias por llegar hasta acá! Nos vemos el mes que viene, cuídate.

Cefe


Para leer:

  • Controles de precios: por qué repetimos siempre lo mismo. Link acá.
  • El fogonazo infalcionario en octubre que asustó al gobierno y precipitó el congelamiento de precios. Link acá.

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