Alemania: ¿cambios o continuidades?

Artículo en conjunto de @florenciagrillo y @estebanchiacchio

Con la salida de Ángela Merkel de la función pública tras 16 años encabezando el gobierno alemán, cada vez que la Unión Europea volteé hacia atrás para ver quién oficia de garante del orden y moderador de los acalorados debates internos, hallará vacío el sitio que la dirigente alemana supo construir como la representante de facto de dicha comunidad geopolítica.

¿Quién reemplazará a Merkel en el encabezamiento de la compleja estructura de relaciones que queda vacante tras su partida? Respuesta: Nadie. Otra respuesta: Todos. En la víspera de los comicios del pasado fin de semana en Alemania, The Washington Post identificó la salida de la canciller no como una transición ordenada hacia un nuevo liderazgo, sino más bien todo lo contrario: una puerta abierta para que diferentes mandatarios europeos exhiban sus talentos a fin de quedarse con su silla, y así imprimir su visión del mundo al nuevo tramo que encarará la Europa post-Merkel. Esta suerte de casting a cielo abierto para llenar los zapatos de la saliente líder puede extenderse por años, y es el evento más considerable de un continente marcado por las reconfiguraciones sociales, políticas y económicas al calor de los azotes de la pandemia por el coronavirus y el incremento del euroescepticismo.

Entonces, ¿ninguno o cada quién para suplantar a Merkel? En el mencionado artículo, Giovanni Orsina, director de la Escuela de Gobierno de Roma, menciona la latente posibilidad de que en Europa se establezca una convergencia colectiva entre diferentes líderes domésticos, en una suerte de horizontalidad pactada, en transición hacia un nuevo liderazgo unilateral, de momento tan lejano como incierto.

¿Y quiénes pueden llegar a integrar esa sociedad? Diferentes medios ubicaron al presidente francés, Emmanuel Macron, como uno de los principales aspirantes a tomar el puesto de Merkel. Sin embargo, en primer término, el mencionado mandatario se encuentra con su vista posicionada en el 10 de abril de 2022, día de elecciones presidenciales en sus pagos. La última encuesta de Harris-Interactive publicada a comienzos de septiembre, muestra un empate técnico con poco más del 20% cada uno entre Macron y la líder de extrema-derecha, Marine Le-Pen, recreando el mismo escenario que en las últimas elecciones francesas, con Macron -nuevamente- con importantes chances de superar en segunda vuelta a la dirigente de la Agrupación Nacional. Aún con la relección de su lado, una campaña en dónde su ventaja no está consolidada, sumada en el plano internacional a los tiempos que tomen el asentamiento y trabajo en conjunto con el nuevo gobierno alemán, son factores que ralentizarán, por lo menos por un considerable tiempo, cualquier caminata de Macron hacia la cima de Europa.

La mención en torno a la necesidad de aguardar al asentamiento de la nueva administración en Alemania, tanto en el camino de Macron como de cualquier otro aspirante, se sostiene en que el nuevo canciller alemán accederá a una posición de alto capital político e influencia en la geopolítica continental, y el nuevo liderazgo que se construya -individual o compartido- en Europa, deberá contar con su venia. Volvemos al punto de partida: no se trata solo de lo que tenemos hasta ahora, sino de lo que se desarrollará desde aquí en más, en la nueva Unión Europea que emergerá al ritmo del adiós de Merkel.

Como conclusión de estos aspectos, bien podemos identificar algunos focos de posibles reclamos -o incluso crisis- que este nuevo proceso podría llegar a disparar. En un artículo publicado el último fin de semana, Político advierte en el plano alemán los peligros para el progreso europeo que significaría “una (nueva) coalición vacilante que utilice el poder alemán para imponer soluciones de mínimo común denominador, en vez de tomar el guante de la responsabilidad en nombre de construir una Europa más fuerte y coherente”. Un cambio en la política alemana, a nivel político, económico y diplomático, repercutirá directamente en la geopolítica europea, no solo para el sostenimiento de avances en materia ambiental, por decir un ejemplo, sino en el reacomodamiento socioeconómico que implicó e implican los duros tiempos de la pandemia, y la crisis a diferentes escalas que propició ésta.

En un artículo en Jacobin, el ex Ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis, uno de los principales críticos de Merkel, dejó una conclusión profundamente pesimista sobre aquello que viene, tras esbozar un análisis que tituló, sin titubeos, “Angela Merkel fue mala para Europa y el mundo”: “Viendo la manada de dirigentes banales que pelean por reemplazarla, temo mucho que extrañaré a Angela Merkel. Incluso manteniendo mi evaluación sobre sus años en el poder, sospechó que en muy poco tiempo la estaré recordando con cariño“.

Las elecciones del 26 de septiembre arrojaron un resultado inconcluso: los socialdemócratas obtuvieron algo menos del 26 por ciento de los votos y los demócratas cristianos poco más del 24 por ciento. El nuevo canciller será el socialdemócrata Olaf Scholz o el demócrata cristiano Armin Laschet, quienes han prometido una continuación del merkelismo e incluso han tratado de imitar el estilo de Merkel. Ambos son figuras centristas dentro de sus propios partidos, y poca sustancia los distingue.

Independientemente de quién se convierta en canciller, el próximo gobierno será una coalición, probablemente compuesta por tres partidos por primera vez desde 1957, forjada a través de un compromiso en las negociaciones que recién están comenzando. Como resultado, es poco probable que el gobierno se desvíe dramáticamente de las políticas centristas de la gran coalición de demócratas cristianos y socialdemócratas que ha gobernado Alemania durante 12 de los 16 años de Merkel como canciller. Aunque habrá algunos cambios en la política interior dependiendo de si la próxima coalición la lidera Scholz o Laschet, la política exterior alemana no cambiará mucho. En resumen, es probable que el consenso de Merkel continúe después de Merkel, decepcionando a aquellos que esperaban un nuevo enfoque de la eurozona o una asociación abocada 100% hacia China.

Es probable que la incertidumbre dure hasta después de las elecciones parlamentarias francesas de junio, y eso suponiendo que Macron gane.

Macron ha argumentado enérgicamente que Europa debe hacer más para proteger sus propios intereses en un mundo donde China está creciendo y Estados Unidos se está enfocando en Asia. Sus funcionarios ya están tratando de preparar el terreno sobre algunos temas clave, esperando enero, cuando Francia asuma la presidencia rotatoria de la Unión Europea. Pero dada la probabilidad de largas conversaciones de coalición en Alemania, la ventana para el logro es estrecha.

Macron necesitará ayuda alemana. Si bien Francia y Alemania juntas ya no pueden dirigir la Unión Europea por sí mismas, cuando están de acuerdo, tienden a llevarse consigo al resto del bloque.

Los funcionarios franceses entienden que el cambio sustancial será lento y querrán aprovechar las iniciativas que ya están en marcha, como el análisis de los intereses de Europa llamado “la brújula estratégica ” y un aumento modesto pero constante del gasto militar en nuevas capacidades a través del Fondo de Defensa Europea. y un programa denominado Pesco, destinado a promover proyectos conjuntos y la interoperabilidad europea.

Después de la humillación del acuerdo submarino hundido , cuando Australia canceló repentinamente un contrato con Francia y eligió un acuerdo con Gran Bretaña y Estados Unidos en su lugar, es más probable que muchos de sus colegas europeos estén ahora de acuerdo con Macron en que Europa debe ser menos dependiente de Washington y gastar al menos un poco más en su propia defensa.

Gane quien gane, la política alemana hacia Europa seguirá siendo aproximadamente la misma desde un país profundamente comprometido con los ideales de la UE, cauteloso y que desea preservar la estabilidad y la unidad. La verdadera pregunta es si algún líder europeo puede ser la fuerza cohesiva que era Merkel y, de no ser así, qué significará para el futuro del continente.

Escrito por

De Zona Sur. Estudiante de Ciencia Política en la UBA, conductor de Contra Todo Pronóstico y bebedor de café negro.

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