#PopPurrí N°7 – Argentina, la titiritera de la TV mundial (vol. 2)

¡Hola Poliwhiskers! Lara e introducción corta otra vez. Para variar, me enganché a 440v y escribí 478937 páginas para este Newsletter, porque preguntarme a mí por formatos televisivos es como preguntarle a tu viejo cuál fue el mejor gol de Batistuta o a tu prima sobre esa vez que Alex Turner le guiñó el ojo en un recital de los Arctic en 2013. Acá les dejo la versión abreviada, que aún después de múltiples recortes, es más larga que Elif. 

Formato argentino: Brevísima historia pt.2 (si tiene 2 partes tan breve no es, pero lo intenté)

La edición pasada cerró diciendo que las industrias culturales argentinas habían crecido de manera brutal, que la venta de formatos estaba en ascenso y que las productoras Cuatro Cabezas, Pol-Ka, Ideas del Sur, Promofilm, Cris Morena Group y Telefé Contenidos eran las líderes del rubro. La magnitud de la expansión fue tal que un informe de la Asociación de Reconocimiento y Protección de Formato (FRAPA) ubicó al país como cuarto exportador y productor para 2006-2008.Si querés  saber qué formatos exportamos durante esa época, chequeá esta nota; pero para dimensionar, algunos formatos como Lalola se vendieron a 50 países a menos de un año de su transmisión original.

E iba a ponerse mejor. El 2009 fue un año de inflexión para la TV local, al moverse el interruptor de uno de los actores clave a la hora de producir entretenimiento: el Estado. Por un lado, se creó el Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre – ¿Te suena Televisión Digital Abierta?- para acercar la pantalla chica y otros servicios a más rincones del país. Por otro lado, se revirtió el constante vaciamiento tecnológico de la TV Pública (que venía sucediendo casi sin frenos desde el menemismo) y nacieron nuevos canales públicos como Encuentro y Paka Paka (que necesitarían programación propia, por supuesto). Y finalmente, se sancionó la ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual. Entre otros puntos, fijó para los licenciatarios de TV restricciones de mercado y obligaciones de mantener cuotas de pantalla, de antena o exhibición; y estableció gravámenes para financiar la producción y el fomento de la creación de material audiovisual nacional. En otras palabras, se amplió la audiencia, se fortaleció la señal estatal de aire, se crearon nuevas, y se instauraron nuevos parámetros legales para favorecer la creación de contenido local.

Durante el periodo 2009-2015, el Estado nacional financió la producción y adquisición de material audiovisual. Mediante el Plan Operativo de Fomento y Promoción de Contenidos Audiovisuales se distribuyeron 573 subsidios entre 267 producciones (más de 1.500hs de material) que fueron transmitidas en canales públicos, privados y medios no-convencionales. Hablando específicamente de ficciones, entre 2011 y 2016, fueron emitidas por los canales de aire TV Pública, Canal 9, América y Telefé, 64 de ellas, en su mayoría miniseries y unitarios (el gran ausente? El Trece). Aunque objeto de controversia en su momento debido al volumen de dinero y la discrecionalidad de su destino, estos fondos permitieron un incremento del 28% en la emisión de contenido local en los canales regionales del país según datos de la UNESCO (Más sobre esto en este trabajo de Ezequiel Rivero).

Ampliemos el recorte temporal y agreguemos datos para profundizar. En un artículo de 2019, Ornela Vanina Carboni escribe que durante el período 2002-2015 se produjeron 280 ficciones nacionales. Pol-Ka, Telefe Contenidos y los aportes del Estado -a través del INCAA-, la Televisión Pública y otras emisoras públicas produjeron 68% de ellas. Para realizarlas, Pol-Ka se unió a grupos internacionales (realizó 58 producciones: 45 sin co-producción); Telefé Contenidos se alió con productoras locales como RGB, Underground, Cris Morena Group (55 contenidos: 9 sin coproducción) y 79 ficciones fueron posibles gracias a aportes públicos*. Conclusión: el Estado fue el principal inversor para este tipo de géneros.

Habiendo hablado de producción, veamos cómo afectaron estas medidas en términos de venta de formatos. En el MipCom de 2013 (Marché International des Programmes de Communication; uno de los eventos internacionales más grandes en lo que respecta a la compra-venta de programas y formatos de entretenimiento), Argentina fue declarada País Invitado de Honor; y en su evento hermano  del año siguiente, el MipTV 2014, la consultora The Wit declaró a Argentina el tercer exportador de formatos guionados del mundo**.

Pero este ciclo llegó a su fin en 2015. Una serie de medidas gubernamentales resultaron en notorios cambios institucionales y normativos, que favorecieron a las operadoras de TV por cable (Si querés leer en detenimiento sobre ellos, te recomiendo este paper de Bernardette Califano). Ellas ya no se vieron sometidas a las restricciones impuestas por la ley de 2009, como los máximos de licencias, obligaciones de cuotas de programación nacional y local y exigencias en materia de producción audiovisual nacional y propia. 

Esto se combinó con un retiro de la financiación estatal, la negativa de algunos privados a seguir produciendo y una crisis económica que resintió a los que querían continuar: sólo ese año, la producción privada cayó un 50% (en números absolutos, solo 4 ficciones fueron producidas por el sector privado comercial en 2015). Un año después, en 2016, solo se estrenaron 14 ficciones, el número más bajo desde el 2002.

La historia más reciente y el presente los tienen en Pop-purrí #5, pero haciéndola corta: sin información sobre los rating y shares del programa en la TV nacional, los extranjeros no tienen interés de comprar; y sin dinero para producir ficciones, no hay qué vender. 

Desafíos y debates sobre la venta de formatos 

Como afirma Carboni, algunos de los factores que delimitan la producción y emisión de ficciones son: la estructura de propiedad de las emisoras televisivas, la relación entre las emisoras televisivas y las productoras, las condiciones laborales y las organizaciones de trabajadores y las posibilidades de exportación de los contenidos. Explorar estos puntos deja al descubierto algunos de los debates y desafíos de la venta de formatos televisivos en el país.

El sistema de medios en Argentina se caracteriza por la centralización en la producción de contenidos en el área metropolitana de Bs As, siendo las principales emisoras Telefé, El Trece, América Tv, Canal 9 y la TV Pública. Aunque la TV por cable tiene alta incidencia (llega al 80% de los hogares), las señales de aire siguen siendo muy poderosas; en gran parte, porque sus dueños y los proveedores de TV por cable son las mismas personas.

Estos canales no poseen productoras propias, sino que tienen contactos estrechos con productoras que les venden material. Los estudios de Borello y González nos permiten describir a la red de productoras nacionales de la siguiente manera: se encuentran casi en su totalidad en la Ciudad Buenos Aires y alrededores; son jóvenes (fundadas entre 2006-2010); en su gran mayoría pequeñas y en muchos casos informales (es decir, son empresas unipersonales, sociedades de hecho, responsable inscripto o monotributistas; que no emplean a más de 3 personas de manera permanente); dedicadas a brindar servicios a firmas externas; que reciben financiamiento del Estado a través del INCAA o del Ministerio de Educación (para producir contenido para canal Encuentro y/o Paka Paka).

Y en lo que nos compete, solo un 30% posee patentes de formatos de series de TV, lo que las deja en gran desventaja contra las grandes productoras ya establecidas. Y aún entre los pesos pesados, la producción argentina en el extranjero está casi exclusivamente en manos de Telefé internacional, independientemente del canal de emisión local del contenido. En otras palabras, la casi crítica concentración local es aún mayor en lo que respecta a formatos televisivos, su exportación y ejecución.

Esto genera un modelo de producción flexible, caracterizado por la ausencia de infraestructura, estudios y personal fijos; y subsecuentemente un bajo grado de integración en la cadena de valor, fuerte atomización de los actores, altos niveles de subcontratación o tercerización e informalidad y vulnerabilidad para los trabajadores

Estas tensiones se profundizan al ser atravesadas por una crisis de sustentabilidad y financiamiento. Los costos de producción de TV se han alzado: un capítulo de ficción costaba entre U$D 25 y 35 mil en 2010 y hoy U$D 40 mil (y hasta 4 veces más si es un unitario pensado para emisión internacional); pero otros factores entran en juego.

La nueva normativa de 2016 habilita a los grandes grupos audiovisuales a brindar servicios de internet y telefonía, un negocio mucho más rentable que la TV. Esto les permite bypasear el problema del crecimiento de suscriptores a servicios Over The Top como Netflix y Amazon Prime (a costa de la audiencia televisiva); y a la vez, suplir las pérdidas por caída en tanda publicitaria. Aunque la migración del público a la web es un fenómeno global y la relación entre inversión publicitaria y PBI nacional siempre fue más baja que el estándar mundial, el retraimiento del Estado como promotor de la industria audiovisual y la falta de fondos internacionales han hundido a la ficción argentina en una crisis profunda. 

En adición, otra discusión se abre: si la única forma de hacer viables las producciones es su capacidad de exportarlas ¿no estaremos perdiendo la oportunidad de crear algo por y para argentinxs? Como afirman Borello y González “en la producción audiovisual […] hay procesos distribuidos y colectivos de creación y de desarrollo de innovaciones que se asocian a la generación de nuevos géneros y de revoluciones estéticas”. La crisis previa nos dio un nuevo tipo de ficción, que nos puso totalmente al desnudo: Okupas, Gasoleros, y otras series de comienzos del milenio inmortalizaron un momento del país al usar un lenguaje nuevo, poner en el foco sobre nuevos actores y vivencias cotidianas de algunos de los sectores más invisibilizados del país. La que atravesamos actualmente produce ficciones caracterizadas por su bajo riesgo, estandarización del lenguaje (visual, lingüístico, etc.) y su intento por ser universales y diferenciales en simultáneo  -y usualmente fallar en ambas-.

No digo que no se haya producido buena TV en la historia nacional reciente, ni que se haya achatado totalmente el contenido, pero es innegable que estamos pasando por una etapa de fuerte esterilización, que tal vez hable de cómo buscamos afrontar los conflictos, pero también los encubra. 

Despedidas

Bueno, esto ha sido todo por hoy.  Cuidense de la alergia, vacúnense, tomen agua y usen protector solar. El mail está siempre abierto para comentarios, sugerencias, críticas y cualquier cosa menos consejos para hacer trámites de AFIP. Si tienen un tema que les gustaría que aborde en futuros News, háganmelo saber. Esta vez estuve corta de memes, se los dejo a favor para la próxima. ¡Hasta entonces!

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*En cuanto a emisión, Telefé (105) y El Trece (98) dominaron la época. En tercer lugar, la TV Pública (66), pero casi el 70% de sus emisiones se concentraron en los años 2011-2015. Es decir, la política pública fue consistente -al menos en términos absolutos-. 

**Vendió 52 libros, solo detrás de los 72 de EE.UU. y 79 de Gran Bretaña. El país iberoamericano más cercano fue Colombia con 31 libros.  

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