¿Cómo enfurecer a una religión? Una guía por Emmanuel Macron

La larga historia que une al mundo islámico y a Francia lleva siglos de turbulentos encuentros que, desde su pasado de colonialismo, han marcado el tono de unas relaciones a tiempos fructíferas, pero mayormente tensas. Las heridas del fundamentalismo religioso que aún no terminan de sanar (Charlie Hebdo, el Bataclán, los ataques de Niza y París), la dificultad de homologar lo que tanto tiempo se pretendió apartar, el contexto de crisis migratoria ajena pero propia, el “ser europeo” y ahora también gestionar una pandemia. El 2020 ya era un año complicado para Francia, por decir lo menos.

Sumado a esto – en un fatídico hecho de pobre selección de palabras – el presidente francés, por su cuenta y casi sin razón, adicionó al país un problema más a tener en cuenta y no uno menor. “El Islam es una religión que se encuentra en crisis alrededor de todo el mundo hoy, (…).” decía a principios del mes pasado. ¿El contexto? Un discurso que anunciaba la reforma de leyes educativas en Francia para garantizar más y mejor secularismo en la educación.

En esa sola oración, Macron escribía la guía de un solo paso de cómo lograr que una veintena de países árabes se vuelvan en tu contra; aliados, neutrales o enemigos, la justificación en bandeja en sus manos para como mínimo pronunciarse en rechazo. Como mínimo, porque desde entonces ha ocurrido mucho más. Turquía no tardó en liderar la negativa, el mismo día, Erdoğan era definitivo en su discurso: Solicitaba a su población que se abstenga de consumir bienes franceses mientras acusaba a Macron de dirigir una campaña de odio contra el Islam y a Europa de encubrirlo.

La idea de una “campaña de odio”, aunque severa, no es novedosa. Los daños del terrorismo basado en el extremismo religioso han sabido lograr ese efecto doble: un miedo hacia quién efectivamente lo causa y una creciente islamofobia y prejuicio de quién no, pero se le parece. Numerosos académicos han desarrollado extenso material bibliográfico abarcando desde lo político hasta lo psicológico e identitario de la cuestión. Y muchos de ellos, a la vez musulmanes, tomaron las redes sociales para pronunciarse en contra de la criminalización de su fe y del prejuicio de sus identidades.

Por otra parte, el resto del mundo islámico no tardó en seguir el ejemplo turco y el boicot a los productos franceses fue tan solo el comienzo. A esto le siguieron protestas masivas, quema de banderas francesas y la vilinización de la figura de Macron en todas las formas imaginables; desde caricaturas asemejando su imagen al diablo en Irán, hasta su rostro indicando dónde pararse al hacer fila en Libia. Desde allí, la lista tan solo crece: Líbano, Jordania, Marruecos, Arabia Saudita, Egipto y Pakistán, entre otros.

Una vez más, la libertad de culto y el secularismo estatal vuelven a ocupar el foco de una nación europea, la amenaza latente del terrorismo jihadista en el mundo  occidental no solo adiciona a las tensiones sino que acrecienta los costos de errores como el cometido por el presidente francés. Parece que al desatino de la semana lo pagará la economía francesa – cosa no menor, considerando el aumento de gasto público necesario para sostener su primera y ahora segunda ola de la pandemia. Sin embargo, cabe siempre mantener en mente que el margen para tener que pagar más caro en cuestiones de alta sensibilidad – como la Fe – es amplio y ha sido en ocasiones, históricamente más violento.

Escrito por

Analista política Lic. en Gobierno y Relaciones Internacionales (UADE)

2 comentarios sobre “¿Cómo enfurecer a una religión? Una guía por Emmanuel Macron

  1. Salvo que cuando te pasas unos años estudiando a la comunidad islámica en Europa, cambias de opinión.
    El trabajo de adoctrinamiento que vienen realizando desde los ’70 grupos como los hermanos musulmanes (incluyendo sus vástagos de justicia y caridad o de hizbut tahrir), tablighs y salafistas ha creado una fuerte subcultura de carácter fascista: supremacista, antiliberal, anti-occidental y teocrática.
    No es un fenómeno que se explique por colonialismo, como quieren hacer creer estos grupos, ya que países que no han tenido colonias sufren el mismo problema con la comunidad islámica y no con otras minorías.
    Sin ir más lejos, la primera ola de inmigración magrebí en Francia, a la que han tratado con más dureza, se ha integrado mejor, ha hecho un esfuerzo y se ha ganado su lugar en Francia. Varios actores y personalidades magrebíes dan testimonio de esta primera ola de afrancesados.
    La segunda ola, entre inmigrantes clandestinos y nativos de segunda generación, ya cae en la red de la islamización de los ’70, apoyada por Estados Unidos y países del golfo como remedio a la influencia socialista en países musulmanes, y llevada a cabo de manera acelerada tras los atentados de las torres gemelas.
    Principalemente dos países, Turquía y Qatar, se han aliado a estos grupos para exender su influencia internacional.
    El único que le ha plantado la cara con fuerza a Turquía es Macrón, ya que tiene intereses geopolíticos en conflicto en el mar Egeo, donde Turquía hace prospecciones en Chipre del Norte y en aguas contestadas por Grecia en contra de los intereses de Total, en Libia, y en Siria, donde Erdogán apoya a grupos islámicos en el enclave de Idlib y combate a los anarquistas de la SDF.
    La propia familia Erdogán estaba involucrada en la venta de petróleo del Estado islámico, y desde hace un lustro busca apropiarse de nuevas fuentes de petróleo para poder financiar su política populista. Con dificultades, ya que los precios internacionales están bajos y tanto Rusia como buena parte de Europa y Arabia Saudí temen el ascenso del populismo neo-otomano.
    Por último, Francia tiene una gran comunidad armenia, lo que agrega otro conflicto con Turquía.
    La jugada de Macrón es saludada por una parte de la población que ya está harta del buenismo con los islamistas, con lo que puede ganar votos de un sector de la derecha cercano a las posiciones del Frente Nacional.
    El impacto económico será difícil de evaluar, ya que otras medidas de Macrón, como el confinamiento casi total, amenazan con aumentar la deuda estatal y la precarización de la clase media, principalmente los pequeños comerciantes y sus empleados, mucho más que a los grandes grupos que exportan al norte de áfrica y medio oriente.

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    1. Hola Graciela, en primer lugar gracias por tu comentario. La influencia de factores religiosos en regímenes políticos es mi área de especialización; de hecho, mi tesis de grado tuvo como uno de sus casos a Egipto, por lo que entiendo especialmente a lo que te referís sobre todo al mencionar a la Hermandad Musulmana.

      Sin embargo, como habrás visto leyendo el artículo, la intención del mismo nunca fue dar una explicación estructural de los problemas de cohesión reiterativos entre la población musulmana y los países europeos. Sobre el tema, literalmente, podría (y se ha hecho) escribirse más de un libro e incluso desde mucho más que un solo enfoque teórico.

      Al escribir estas líneas simplemente se intentó dar un pantallazo general de lo que ocurre entre Francia y los países del mundo islámico desde inicios de Octubre como una nota de actualidad coyuntural. Aunque agradezco tu análisis y el hecho de que otros lectores lo verán al ingresar al artículo, quiero ser definitiva al respecto: La lectura que estás haciendo trae a colación áreas del problema en la que la nota nunca tuvo la intención de entrar y muchas de ellas son a mi criterio debatibles, requiriendo una discusión más profunda o la redacción de otro tipo de artículo. Espero esta respuesta clarifique la intención en la escritura. Un gran saludo, Magalí.

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