Chile: el camino a la nueva Constitución

Hace un año el mundo presenciaba el comienzo de uno de los estallidos sociales más grandes de los últimos tiempos en América Latina. El aumento del precio del Metro chileno fue la gota que colmó el vaso y, de la mano de los jóvenes estudiantes, dio inicio a un encadenamiento de demandas que terminó en la exigencia por una nueva Constitución que reemplace la sancionada en 1981 bajo el régimen dictatorial de Augusto Pinochet (1973-1990).

Durante las multitudinarias protestas se evidenciaron las falencias del sistema chileno: se condenó desde la salud y educación privadas, el sistema de pensiones y hasta las fuerzas de seguridad y militares (tanto Carabineros como Fuerzas Armadas) del país trasandino. Todos los problemas apuntaban al sistema neoliberal implantado en la Constitución del ‘81, por lo que apareció como clara -y necesaria- solución una reforma o una nueva ley fundamental.

Frente a esto, y luego de que la pandemia pareciera opacar el reclamo, se decidió finalmente llamar a un plebiscito vinculante para que el pueblo decida el destino de su Carta Magna. Luego de una postergación, este domingo 25 de octubre finalmente se abren las urnas en un hecho histórico no sólo para Chile -dado que en 1988 fue un plebiscito el que precipitaría la salida de Pinochet-  sino para toda la región. 

Las opciones

Básicamente el plebiscito del domingo contará de dos preguntas. En un primer lugar se planteará: “¿Quiere usted una Nueva Constitución?” con la posibilidad de elegir por “Apruebo” o “Rechazo”. Independientemente de si se elige una u otra opción, deberá contestarse la segunda pregunta, la cual será: “¿Qué tipo de órgano debería redactar la Nueva Constitución?” y constará de las siguientes opciones: “Convención Mixta Constitucional (integrada en partes iguales por miembros elegidos popularmente y parlamentarios o parlamentarias en ejercicio)” y “Convención Constitucional (integrada exclusivamente por miembros elegidos popularmente)”.

Ahora bien, este no es el único momento en que se utilizaría un mecanismo de democracia semi-directa en el proceso de elaboración de la nueva Constitución. En caso de que la opción más votada sea el “Apruebo”, se habilitará un segundo plebiscito el 11 de abril del 2021 donde la gente podrá determinar los integrantes del órgano encargado de la redacción de la nueva Carta, el cual deberá quedar conformado para mayo del mismo año.

Un tercer plebiscito “de salida” será necesario para que entre en vigencia la nueva Constitución y se derogue la anterior. El mismo se realizaría a los 60 días de la finalización de su elaboración, y -en un principio- está previsto para la segunda mitad del 2022.

Puntos a favor y en contra

Existen muchas posturas encontradas en torno a la oportunidad que se abre para los chilenos este domingo:

Muchos de quienes votarían “Rechazo” se escudan en que sería mucho más rápido y eficiente reformar la Constitución y no entrar en el burocrático proceso de creación de una nueva, dado que afirman que en los últimos años ha habido muchos avances en materia de derechos y crecimiento económicos que no deberían ser desperdiciados. Hacen énfasis en la incertidumbre de un proceso que llevaría dos años y que -según ellos- nació de la violencia.

Otro argumento en contra es la falta de datos oficiales sobre el verdadero respaldo de la reforma, planteando que el reclamo de una minoría pasó a ocupar un papel central en la agenda chilena, dejando así de lado cuestiones más urgentes. Este argumento termina ignorando las multitudinarias marchas y protestas que comenzaron el 18 de octubre del año pasado y que aún continúan.

Argumentos a favor del “Apruebo” afirman que las reformas Constitucionales terminan siendo inútiles dado que se siguen enmarcando en la carta originaria de 1981 y señalan que el problema es el sistema como un todo (el cual es desigual desde sus bases), por lo que se necesita un cambio “de raíz” para lograr un Chile más justo para todos/as.

Destacan también la necesidad de garantizar derechos a las pensiones, a la salud, a la educación, a la vivienda, a la propiedad -sin que ésta prevalezca sobre el derecho a un ambiente libre de contaminación-, al agua, a los derechos de los consumidores, de los sindicatos y el reconocimiento de los pueblos indígenas. Argumentan que incluyendo estos derechos de base en la ley fundamental del país garantizaría su total respeto y evitaría que estos sean atropellados, dado que el resto del ordenamiento jurídico debería adecuarse a lo que mande la nueva Constitución. 

¿Qué puede pasar?

Roberto Muñoz Osses1 planteó los distintos escenarios y desafíos que pueden esperarse luego del domingo. En caso de que ganara el Rechazo, habría que avanzar en la premisa de “rechazar para reformar”, arriba descrita. El principal problema de esto es que quienes abogan por el Rechazo y las reformas son principalmente pertenecientes a la derecha (Evópoli, UDI y Renovación Nacional, si bien esta última se encuentra fragmentada entre las dos opciones) y, tal como afirma Roberto, la evidencia muestra que la derecha no siempre está dispuesta a apoyar el tipo de políticas progresistas que se ven como segunda opción ante la imposibilidad de la creación de la nueva Constitución, y que los altos quórums y mayorías necesarias para tales reformas son un obstáculo para su aprobación.

Ahora bien, en caso de ganar el Apruebo, el principal desafío es la elección de los constituyentes que conformarían la Convención Constitucional, la cual se llevaría a cabo con el mismo sistema de elección utilizado para los miembros del Congreso. 

Si gana la Convención Mixta, esta estaría integrada en un 50% por parlamentarios y un 50% por ciudadanos electos a través de votación popular, con un total de 172 integrantes. La mitad correspondiente a los parlamentarios será elegida por ellos mismos, por lo que tomará gran relevancia la distribución de las distintas fuerzas políticas en el Congreso. Por el contrario, si gana la Convención Constitucional, sus integrantes serían electos por completo por la ciudadanía en el segundo plebiscito, tal y como se comentó anteriormente. 

Ante esto Roberto destaca que el primer plebiscito del domingo 25 es sólo un paso y que la elección de los constituyentes es clave para dilucidar la tendencia política que adoptaría la nueva Constitución.

Las encuestas andan diciendo…

Muchos han sido los sondeos de opinión que intentan medir el sentir popular de cara al primer plebiscito del domingo. A continuación, se intenta hacer un breve relevamiento de algunos datos generales a los que se pudo acceder:

La consultora “Tu Influyes” difundió los datos de su sondeo mensual donde estima un 69% de votos a favor del Apruebo y un 18% a favor del Rechazo. También muestra una preferencia por una Convención Constitucional (con un 61%), presentando la Convención Mixta sólo un 21%. 

La consultora argentina Nunem muestra que el Apruebo ganaría por una diferencia de sólo 5 puntos, teniendo el Apruebo un 38,5% y el Rechazo un 33,9%. Un dato interesante que se muestra es que un 35,2% de las personas que estarían a favor del Rechazo no irían a votar porque creen que la elección está perdida. Los datos muestran un favoritismo por la Convención Constitucional con un 38,5%, frente a un 35% de la Convención Mixta.

La encuesta “Pulso Ciudadano” muestra un 84% a favor del Apruebo y un 15,2% a favor del Rechazo. Asimismo, un 77,7% votaría a favor de una Convención Constitucional y un 22.3% a favor de una Convención Mixta.

En general se muestra la victoria del apruebo y de una Convención Constitucional, si bien los porcentajes varían de encuesta a encuesta. Es importante prestar atención también  al nivel de participación que se podrá observar el domingo, dado que en Chile el voto no es obligatorio -lo cual aplica también para el plebiscito-, por lo que será interesante comparar los niveles de participación de esta oportunidad con los de la última elección presidencial de 2017 donde, según datos oficiales del Servicio Electoral de Chile, sólo sufragó un 46.65% de la población habilitada para hacerlo. El estallido social, ¿impactará en una mayor participación electoral?

Algunas consideraciones

Con todo esto podría abrirse el interrogante por las elecciones presidenciales chilenas que se llevarían a cabo en 2021 dado que, en caso de que ganara el Apruebo, estas se verían completamente atravesadas por el proceso de elaboración de la nueva Constitución. Si bien todavía no se han dado a conocer ni siquiera qué fuerzas políticas o qué candidatos se presentarán, se abren muchas cuestiones a considerar que irán aclarándose con el paso del tiempo. ¿Cómo afectará el proceso constituyente? ¿Se posicionarán nuevas personalidades con roles destacables en el proceso como candidateables para las elecciones? ¿Cómo afectaría un rechazo? ¿Otorgaría fuerza a la derecha de cara a las elecciones? Todas estas preguntas y muchas otras quedan a la espera de respuesta ante la incertidumbre que presenta actualmente el panorama chileno.

A tener en cuenta: la imagen del actual Presidente Sebastián Piñera comenzó una importante caída a raíz de las protestas iniciadas en octubre del año pasado, y -según una encuesta publicada en julio de este año por  Plaza Pública Cadem– el mandatario chileno contaba en ese momento con sólo un 16% de aprobación y un 74% de rechazo hacia su gestión. Un estudio más reciente publicado a fines de agosto por la firma mexicana Ojiva Consultores2 plantea que 8 de cada 10 usuarios de redes sociales tienen una opinión negativa de Piñera y que el “enfado” es la emoción que más genera. Si bien el dato podría no aportar mucho de cara a las elecciones -dado que en Chile no hay posibilidad de reelección inmediata-, sí puede ser interesante para analizar la idea del “legado” de la gestión de Piñera. Ser el presidente que habilitó la nueva Constitución puede decir mucho en términos simbólicos. Podría habilitar a Piñera (e incluso a la derecha chilena) a enarbolar la bandera de la democracia con mucho más respaldo de lo que hacen hoy en día, y esto podría contribuir a la profundización de la brecha ideológica derecha-izquierda al atribuirse a unos el caos y la violencia y a otros las soluciones institucionales y democráticas.

Otro rasgo a destacar es que se anunció que la conformación de la Convención Constituyente (en caso de que esta fuera la opción privilegiada por los chilenos) debería cumplir con una estricta paridad de género. Lo mismo se aplicaría a la Convención Mixta pero sólo para la mitad correspondiente a los integrantes electos por la ciudadanía, lo cual no quita la posibilidad de que el Congreso decida respetar un criterio de paridad a la hora de elegir los parlamentarios y parlamentarias que formarían parte del órgano constituyente.

Finalmente, una tercera cuestión a tener en cuenta es la imposibilidad de participar en las votaciones del domingo si se tiene Coronavirus, para así evitar la propagación del virus en los centros de votación. Esto abre un dilema: ¿quedarse en casa para asegurarse el poder votar o seguir manifestándose -ya sea a favor del Apruebo o del Rechazo- corriendo el riesgo de contagiarse y quedar fuera del juego electoral?

Referencias

1 Cientista Político con Especialización en Análisis Político, Universidad Alberto Hurtado (Chile). Administrador de Política Chile.

2 Se analizó una muestra representativa aleatoria de 20 mil 345 comentarios realizados por usuarios y usuarias únicas con un nivel de confianza de 95% y un margen de error de +/-5.

Un comentario sobre “Chile: el camino a la nueva Constitución

  1. Excelente comentario que a la luz de los resultados me deja dos preocupaciones. Puede una consultora errar muestreo con tanta desviación o conlleva intenciones? Una imagen de gobierno podrá alterase con el simple argumento de embanderarse como los “institucionales “ cuando su gestión marca hoy un fuerte rechazo?

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