Europa en tiempos de pandemia: ¿un rebrote de la ultra derecha?

Lo que fue

Desde la crisis capitalista mundial del 2008, algunos autores observan que el escenario internacional ha cambiado su configuración hacia un mundo bipolar de competencia en donde la indiscutida hegemonía estadounidense de antaño no parece ser tan clara en la actualidad: fundamentalmente, la guerra comercial entre EE.UU. y China cataliza un orden internacional en disputa, lo que contribuye a empeorar la crisis del multilateralismo sustanciada en la amenaza percibida por la emergencia de un ¿nuevo? actor de poder mundial (Nye, 2018).

En relación al Continente Europeo, la situación económica mundial obligó a reforzar medidas de austeridad en la denominada Zona Euro. Esto provocó una crisis de legitimidad democrática, que se retroalimenta con la puesta en marcha de políticas de ajuste fiscal a fin de equilibrar las cuentas de los países más afectados (especialmente los de la Europa Mediterránea).      

En estrecha relación a esto último, los trabajos de D’Ippolitti y Roncaglia (2011), y Vanviervliet (2017) buscan reconstruir el vínculo entre el entramado institucional de la Unión Europea y la crisis económica global desatada en 2008: la creciente burocratización de las instituciones europeas más la relativa pérdida de autonomía por parte de los países integrantes para decidir por sí mismos en asuntos fiscales y presupuestarios, han dejado a los Estados poco margen para encauzar y/o corregir por su cuenta (de acuerdo a sus diferentes realidades nacionales) los efectos del colapso económico del 2008, que aún al día de hoy parece no encontrar un cierre definitivo. Sumado a lo anterior, la aplicación de políticas de austeridad (como en el caso italiano, con la conformación de un gobierno tecnocrático liberal en el período 2011-2013) con recortes a sectores sensibles como la sanidad, la previsión social, el trabajo, la educación, la defensa, etc., prepararon el escenario ideal para la combustión socio política, la consecuente crisis económica y la emergencia de nuevos sujetos, movimientos y propuestas políticas de corte populista y de derecha radical.

El proceso europeo previamente referido ha impulsado el crecimiento del fenómeno populista de derecha que, a diferencia de los fascismos de antaño, está dispuesto a jugar las reglas de juego de la democracia moderna, pero rechazando el carácter liberal de ésta. Los tres temas claves que permiten construir consenso giran en torno al conservadurismo popular, la inmigración y lo extracomunitario; el complejo entramado institucional tecnocrático que caracteriza a la Unión Europea y los cambios en el modelo de familia tradicional como núcleo básico organizador de la sociedad. Entonces, ¿qué implica habla de populismo de derecha y conservadurismo popular en Europa?

Los populistas de derecha dicen representar al “hombre de pie” frente a los avances de los grupos de poder y las instituciones de Bruselas, pero finalmente terminan polemizando con sectores que no forman parte de las élites económicas y sociales de Europa: los inmigrantes, las minorías étnicas y de género, los excluidos del sistema, entre otros, y al hacerlo, “pegan hacia abajo”.

Otra característica fundamental de este fenómeno es la insolidaridad: así como se atacan a los grupos más desfavorecidos dentro de una sociedad in situ, tampoco hay lazos recíprocos de cooperación y acuerdo entre los diferentes “hombres políticos” que detentan este tipo de liderazgos en Europa (Mudde, 2017; Casullo, 2019). Y, a su vez, estos líderes pueden ser reconocidos dentro de los márgenes del conservadurismo popular: “promueven un retorno al nacionalismo, a la religión y a las tradiciones. (…) Es democrático, pero no liberal. Para sus miembros, democracia significa que las poblaciones deben decidir su propio destino sin ser limitadas por las clases dirigentes o los organismos supranacionales” (De Santibañes, 2019:18).

Por último, el populismo de derecha no tiene objeciones hacia el libre mercado, pero siempre y cuando éste esté al servicio de la nación y sólo de la nación, por lo cual descreen tanto del mercado europeo como del global. Algo similar sucede con la idea de Estado de Bienestar: el mismo debiera existir, pero sólo al servicio de los ciudadanos más necesitados del país.

Lo que es

La crisis desatada en la Unión Europea a raíz de la expansión del COVID-19 ha dado lugar a la denominada “nueva normalidad”: confinamiento, mascarillas, hisopados masivos, distanciamiento, rebrotes. Todas escenas que se fueron repitiendo a lo largo y ancho del bloque regional. Miles de manifestantes contrarios al confinamiento y a las medidas de protección sanitarias adoptadas por los Estados se dieron cita en las calles de varias ciudades europeas: sin distanciamiento, negándose a portar mascarillas, oponiéndose a las restricciones sanitarias y arguyendo la urgente necesidad de “poder elegir con total libertad” el curso de sus actos cotidianos. La situación de rebrotes e incrementos de casos de COVID-19 tampoco ayuda a amenizar el hastío social que se percibe. Ante esto, miles de manifestantes tomaron las calles de diversas ciudades europeas para manifestarse en contra de la “dictadura de las mascarillas”: paulatinamente, Roma, Madrid, Londres, París, Zúrich y Berlín se transformaron en el escenario perfecto en donde confluyeron protestas masivas al grito de “somos el pueblo” y “fuera Merkel”, entre otras. Los diversos testimonios de los asistentes parecían coincidir en un punto fundamental: el reclamo furioso por el derecho a la libertad. “No soy simpatizante de extrema derecha, estoy aquí para defender nuestras libertades fundamentales”, decía Stefan, un berlinés de 43 años con la cabeza afeitada, que llevaba una camiseta gris con el mensaje “¡pensar ayuda!” (El Observador, 2020).

A pesar de la merma de casos en los países más críticos (como lo fueron Italia, España y Reino Unido), los contagios no cesan y en la actualidad se están aplicando cuarentenas específicas para las locaciones indicadas como “zonas rojas” de COVID-19: sin ir más lejos, el Primer Ministro británico Boris Johnson ordenó aplicar este tipo de restricciones a regiones específicas del país, a diferencia de lockdowns mucho más estrictos como aquel italiano durante los meses de abril y mayo. Y a propósito de Italia, luego de ser epicentro europeo y mundial de la pandemia, el país mediterráneo se ha transformado en modelo mundial de gestión sanitaria de la enfermedad, pasando de más de mil casos diarios hacia fines de marzo a un promedio de 8 contagios durante agosto y septiembre.

¿Lo que será?

En relación a lo expuesto en los apartados precedentes y dado este clima tan complejo, queda entonces por preguntarse si es directamente posible asociar las protestas anti cuarentena con la presencia de los partidos de derecha radical presentes en Europa, o si hay algo más detrás de las manifestaciones recientes.

Dada la cantidad de fake news y teorías conspirativas que circulan libremente por internet en esta era de la híper conectividad, es posible identificar numerosos sujetos políticos que parecieran no pertenecer y/o responder directamente al encuadre de los populismos de derecha que se han suscitado en el continente a lo largo de los últimos diez años. Esto se debe a que aún no logran articular sus diversos reclamos y/o consignas en un único partido y/o líder que pueda capitalizar políticamente sus demandas y convertirlas en una plausible plataforma electoral.

En este sentido, se están vislumbrando dos cuestiones: por un lado, la movilización de sectores de la sociedad europea, descontentos con el manejo de la epidemia por parte de los gobiernos pero, por sobre todo, con una profunda desconfianza hacia la democracia liberal tal cual existe hoy día; por el otro, los partidos y/o movimientos de ultraderecha, que esperan capitalizar ese descontento del “pueblo frente a las elites de gobierno” e incrementar su consenso y eficacia electoral en torno a un discurso reaccionario que busca justamente “pegar hacia abajo” como se describió anteriormente. Al analizar, por ejemplo, las últimas protestas en Italia, es factible evidenciar que se busca culpabilizar a los inmigrantes que requieren asilo humanitario como la gran masa que dispara los contagios no sólo en la Península, sino también a lo largo de Europa. Entonces, no será difícil inferir que estos dos polos de la ecuación se retroalimentan entre sí.

En un reciente artículo de opinión, el filósofo sur coreano Byung Chul Han ha reflexionado acerca del peligro que representa para el liberalismo occidental el desarrollo y manejo de la pandemia, debido a la disciplina y control que los gobiernos imponen a las sociedades vernáculas en pos de salvaguardar el cuerpo (sagrado) y proteger la existencia. ¿Será que la hipervigilancia sanitaria termine por conceder favores a la galaxia de la extrema derecha de modo que sea posible ubicar rebrotes autoritarios a lo largo de Europa? ¿O bien las manifestaciones anti cuarentena se aplacarán por cansancio, en tanto y en cuanto no logren encolumnarse en ninguna propuesta “anti establishment”?

De una forma u otra, no se debería cometer el error de ver estas manifestaciones como una anomalía societaria, pues más bien resultan ser el corolario de una profunda desconfianza en el orden liberal de los Estados occidentales, que parece engendrar en su seno diversos motivos de discordia, entre ellos una creciente desigualdad a nivel mundial que no parece ser totalmente subsanada mediante la implementación de políticas fiscales por sí mismas: si el capitalismo no cambia, si no se planifica una verdadera actuación estatal en la dimensión económica, que permita una verdadera redistribución con inclusión social, el ascenso del fenómeno populista de derecha se incrementará de cara al futuro.

Referencias bibliográficas

D’Ippolitti, C. e Roncaglia, A. (2011). L’Italia: una crisi nella crisi. Moneta e Credito. 64(255), 189-227.

Vanviervliet, S. (2017). Las crisis de la Unión Europea: ¿una aplicación de la Ley de Murphy? Agenda Internacional. 35(24), 9-28. doi: /https://doi.org/10.18800/agenda.201701.001

Mudde, C. (2017). “Populism: An ideational Approach”. En C. Rovira Kaltwasser, P. Taggart, P. Ochoa Espejo y P. Ostiguy (eds.), The Oxford Handbook of Populism. Oxford University Press.

Casullo, M. E. (2019). ¿Por qué funciona el populismo? Siglo XXI Editores.

De Santibañes, F. (2019). La rebelión de las naciones. Crisis del liberalismo y auge del conservadurismo popular. Vértice de Ideas.

Scancarello, G. (2019). Mazzucato: ‘Se non cambiamo il capitalismo ci sarà l’avanzata di un nuovo fascismo cavalcato dai Salvini e dai Trump’. Business Insider Italia, Online: https://it.businessinsider.com/mazzucato-se-non-cambiamo-il-capitalismo-ci-sara-lavanzata-di-un-nuovo-fascismo-cavalcato-dai-salvini-e-dai-trump/amp/

Rebollo, E. y Sigüenza, C. (2020). Byung-Chul Han y el coronavirus: “La muerte no es democrática”. Página12, Online: https://www.pagina12.com.ar/266458-byung-chul-han-y-el-coronavirus-la-muerte-no-es-democratica

Nye, J. (2018). A Time For positive Sum Power. The Wilson Quarterly, Online: https://www.wilsonquarterly.com/quarterly/the-fate-of-the-international-order/a-time-for-positive-sum-power/

El Observador (2020). “Merkel debe irse”: protestas en Europa contra la “tiranía médica” de los tapabocas. El Observador Uruguay, Online: https://www.elobservador.com.uy/nota/-merkel-debe-irse-protestas-en-europa-contra-la-tirania-medica-de-los-tapabocas-202083016933

Escrito por

Politóloga con orientación en Relaciones Internacionales (UBA), Profesora de Ciencia Política, y Doctoranda en Ciencias Sociales. Especialista en Estudios Europeos. Integrante del Programa de Estudios Sociales y Políticos entre Italia y Argentina (IIGG UBA). Investigadora de Política Italiana y Europea (EuropaGICP FSOC UBA). Coordinadora del Observatorio de Política Internacional del Centro de Estudios de Política Internacional – Universidad de Buenos Aires (CEPI UBA).

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